Alcalde comerciante, pero ajeno al drama de los vendedores del parque Caldas, el cual permanece cerrado

El cierre de este lugar, al parecer para evitar una emergencia, es ahora un golpe a muchas familias que laboran en este importante espacio.

Alcalde comerciante, pero ajeno al drama de los vendedores del parque Caldas, el cual permanece cerrado

Resulta paradójico, por decir lo menos, que la primera autoridad de la ciudad de Popayán, un hombre cuya vida ha girado en torno al comercio, haya tomado decisiones que terminaron golpeando de frente a los pequeños y medianos comerciantes que a diario se rebuscan la vida en el histórico parque Caldas.

Desde el pasado mes de agosto, el emblemático parque fue cerrado al público, y con ello se cerró también la puerta de los ingresos para decenas de familias que dependían de ese espacio para vender sus productos y llevar el sustento a sus hogares. Amas de casa, madres trabajadoras y vendedores informales que, con honradez y esfuerzo, encontraban en ese rincón de la capital caucana una forma digna de ganarse la vida, quedaron excluidos de esa posibilidad sin que la administración municipal les ofreciera una sola alternativa viable.

Y mientras estas familias enfrentan la angustia de no saber cómo cubrir sus necesidades básicas, el alcalde —él sí, conocedor de lo que significa el comercio— continúa ejerciendo su cargo desde una posición de privilegio, sin que el drama de los más vulnerables parezca haber tocado su conciencia ni su agenda de gobierno.

El cierre del parque Caldas no es solo una decisión administrativa que tiene como supuesto objetivo evitar algún accidente: es un golpe directo a la economía popular de Popayán, a esas manos callosas que cada mañana salían a trabajar con la esperanza de un día mejor. La pregunta que queda en el aire es simple pero contundente: ¿quién le responde a estas familias?