La soberbia y falta de autocrítica pusieron a perder a la izquierda

El mensaje es fuerte y claro, no hay lugar a equivocaciones, Colombia no quiere cambios en el sistema político, ni en el modelo económico y mucho menos la supresión de poderes que pongan en riesgo la democracia.

La soberbia y falta de autocrítica pusieron a perder a la izquierda

La Constitución Política de 1991 está viva y la ciudadanía la defiende. Las votaciones del 31 de mayo fueron un radical contra-mensaje para los que proponen reformas y constituyentes, para los que amenazan con acabar con la constitución política de 1991, para los que no les sirve en su proyecto populista y dictatorial.

En una jornada electoral marcada por la soberbia de la izquierda radicalizada en el discurso del presidente, el irrespeto por las instituciones y la violación flagrante de las reglas democráticas, la burla por el contrario, el hastío por los bloqueos, las masacres o esa cierta complacencia con delincuentes a los que les ha dado por llamar “gestores de paz”, el desprecio por la educación y las universidades, el ataque contra el que piensa diferente y la intención de aniquilación moral utilizando luchas como las del feminismo, pero por sobre todo la sobradez moral que los hace hablar de lo divino y lo humano desde un pedestal inexistente para al final dejarlos desnudos en sus verdaderas convicciones cuando callan los errores propios; al final, esto les ha terminado pasando factura.

Pasaron de la algarabía y la euforia de decir que iban a ganar en primera a empezar a buscar unidad con los que fueron objeto de burla y descalificación en campaña, ahora ya se dieron cuenta que los necesitan pero solo en la medida que estén en el toldo petrista, ya no se sienten tan ganadores, tan reformistas, tan desafiantes, ya se empezaron a dar cuenta que no todo suma y que no todos los apoyos ponen votos, hay apoyos que los quitan, que generan rechazo, que son una condena para un proyecto político.

Hoy que la violencia esta disparada y que la inseguridad se ha vuelto insostenible, la gente reclama más seguridad, mayor contundencia a la hora de enfrentar a los violentos y la garantía de los derechos económicos y sociales para todos, no solamente para los dueños del privilegio, la ciudadanía en su mayoría con su voto ha rodeado a las instituciones, han abrazado la constitución política y nuestro sistema de gobierno, el voto terminó por ser un respaldo al modelo económico y la fe puesta en que con trabajo, orden y el imperio de la ley, Colombia seguirá siendo un país que avanza.

Colombia en esta jornada terminó votando en contra y como castigo por tanta burla a la ley, en contra del incumplimiento de un proyecto político, en contra de los desafueros, escándalos, corrupción y deterioro del país, en contra de los benedettis, las julianas, los quinteros, los ospinas.

Todavía nos falta una jornada más para elegir presidente, para decidir el futuro de por lo menos las dos siguientes generaciones, pero sobre todo estamos ad portas de elegir entre una falsa paz, politiquería ramplona y corrupción a todos los niveles o apostar y trabajar por hacer de Colombia un país educado, ordenado y próspero.

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