Ataques de los EE.UU. e Israel contra zonas residenciales en Irán asesinan al menos a 32 civiles

Las explosiones reportadas en Teherán y otras ciudades reflejan la ampliación de los bombardeos del imperialismo y el sionismo, siguiendo un patrón similar al del genocidio en Gaza

Ataques de los EE.UU. e Israel contra zonas residenciales en Irán asesinan al menos a 32 civiles

Una nueva oleada de ataques de Estados Unidos e Israel impactó zonas residenciales en distintas regiones de Irán, dejando víctimas civiles y daños significativos en infraestructuras, en el marco de una agresión no provocada que se aproxima a su primer mes de intensificación abierta.

Según reportes oficiales iraníes, bombardeos en la ciudad de Orumiyeh, al oeste del país, así como en Qom e Isfahán, provocaron muertes entre la población civil y destrucción de viviendas, mientras continúan las labores de rescate entre los escombros. Al menos 26 personas murieron a causa de un bombardeo contra la ciudad de Isfahán, mientras en Qom, al menos seis civiles fallecieron tras el impacto contra tres edificios residenciales.

Las autoridades sanitarias iraníes informaron además de un deterioro crítico del sistema de salud, con daños en 190 centros médicos y el cierre de al menos 12 hospitales. El presidente de la Media Luna Roja iraní, Pir Hossein Kolivand, señaló que 66 niños menores de cinco años han muerto desde el inicio de la ofensiva, lo que evidencia el impacto directo del conflicto sobre la población más vulnerable.

En paralelo, el Ejército de ocupación de Israel confirmó ataques adicionales contra Teherán, en lo que describió como una operación dirigida contra infraestructura vinculada al Estado iraní. Las explosiones reportadas en la capital reflejan la ampliación del alcance geográfico de los bombardeos, que ya no se limitan a objetivos periféricos.

Desde el inicio de la agresión el 28 de febrero, Irán ha respondido con operaciones militares dirigidas contra bases estadounidenses en la región y posiciones israelíes, consolidando un escenario de confrontación directa con implicaciones regionales.

La continuidad de los ataques y contraataques configura una dinámica de escalada sostenida, donde ambos bandos amplían progresivamente el espectro de objetivos.

Las cifras de víctimas siguen siendo objeto de disputa. Mientras datos oficiales iraníes situaban los fallecidos en más de 1.500, organizaciones independientes elevan el balance a más de 3.200 muertos, incluyendo más de 1.400 civiles, lo que sugiere un impacto humanitario de mayor magnitud.

Los ataques contra zonas residenciales marcan un punto crítico en la evolución del conflicto, al evidenciar la difuminación de la línea entre objetivos militares y civiles, una característica recurrente de las guerras lanzadas por EE.UU. e Israel.

Este patrón incrementa la presión internacional y coloca el foco en el cumplimiento del derecho internacional humanitario, en un escenario donde las grandes potencias están directamente involucradas.

La escalada sostenida contra territorio iraní, combinada con la respuesta militar de Teherán en distintos frentes —desde el Golfo Pérsico hasta el Levante—, refleja una reconfiguración del conflicto hacia una guerra regional interconectada, con impactos potenciales en rutas energéticas, estabilidad política y mercados globales.