César Cristian Gómez Castro, el servidor que convirtió el amor por la gente en su bandera política.

En un panorama político donde el ruido suele imponerse sobre las acciones, la figura de César Cristian Gómez Castro aparece como una excepción que merece ser contada con calma, con sensibilidad y con memoria.

César Cristian Gómez Castro, el servidor que convirtió el amor por la gente en su bandera política.

En Popayán y en los rincones del Cauca su nombre no se pronuncia desde la distancia del poder, sino desde la cercanía del camino recorrido, del saludo sincero y del compromiso que no necesita micrófonos.

César no es heredero de apellidos ilustres ni producto de una maquinaria política tradicional. Es, ante todo, un hombre hecho a pulso. Su historia se construyó desde abajo, con trabajo constante y una vocación de servicio que no responde a cálculos electorales, sino a una convicción profunda: estar al lado de quienes más lo necesitan. Su estilo político no se basa en el alarde ni en la promesa grandilocuente, sino en la presencia silenciosa y persistente allí donde el Estado muchas veces no llega.

Hay algo profundamente humano en su manera de hacer política. César se mueve entre la gente que no usa redes sociales, entre comunidades para las que el internet sigue siendo un lujo lejano. Prefiere el contacto directo, la conversación cara a cara, el escuchar sin afán. Fue alcalde de Popayán con más de 70 mil votos, pero nunca permitió que esa cifra lo separara de la realidad de quienes se levantan cada día a sobrevivir en condiciones duras, cargando dificultades, pero también un corazón inmenso.

Desde el Congreso de la República su trabajo ha sido coherente con esa forma de entender el servicio público. Nunca dejó de visitar comunas, veredas y municipios. Nunca dejó de caminar los mismos caminos. Porque César no olvida. No olvida a sus amigos, ni a su gente, ni a las historias pequeñas que, en el fondo, son las que dan sentido a la política.

Hay escenas que lo definen mejor que cualquier discurso: un hombre que recorre largos trayectos para llevar una torta a una abuela que cumple 98 años; una mujer de manos cansadas por el trabajo y la cocina con leña, que espera con alegría a quien llega con paso lento pero firme solo para cantarle un año más de vida. Esa abuela, en un rincón del Cauca olvidado por muchos, representa el país profundo que César ha decidido no abandonar. Un país que no dispara fotografías ni presume en redes, que guarda los recuerdos en el corazón y valora la presencia sincera.

César Cristian Gómez Castro no hace bulla. Ama estar entre la gente sencilla, entre quienes viven lo real sin filtros. Por eso su liderazgo despierta afecto, identificación y esperanza. Y por eso, sin lugar a dudas, y si Dios no dispone otra cosa, el próximo 8 de marzo volverá a ocupar una curul en la Cámara de Representantes. Allí seguirá siendo la voz de los abuelos, de las madres, de los campesinos, de los jóvenes y de los niños que aún creen… y crean.

En tiempos de desconfianza, su historia recuerda que todavía es posible hacer política desde el amor, la coherencia y la cercanía.