El adiós a un símbolo: fallece Visitación de Loyola, pilar histórico de las Madres de Plaza de Mayo
Organizaciones y referentes sociales rinden tributo a la histórica activista de 101 años, quien pidió que su descanso final sea en la plaza donde forjó su lucha incansable.
Este domingo 19 de abril, trascendió la siembra de la histórica militante de derechos humanos Visitación Folgueiras de Loyola, quien falleció a los 101 años tras sufrir un accidente cerebrovascular.
De origen español pero radicada en Argentina, Loyola dedicó décadas de su vida a la búsqueda de justicia tras el secuestro y desaparición de su hijo, Roberto Mario, y su nuera, Dominga Antonia Maizano, perpetrados por la dictadura militar el 21 de diciembre de 1976.
La lucidez política de Visitación fue reconocida incluso por la presidenta histórica de la Asociación Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini, quien la definía como la madre que más sabía de política.
Durante su última intervención pública en octubre pasado, Loyola mantuvo su postura firme contra el avance del neoliberalismo en la región.
En dicha ocasión, cuestionó severamente la gestión del presidente argentino, Javier Milei al afirmar: «Estamos para luchar con fuerza, con coraje y no dejarlo pasar a este sinvergüenza».
Asimismo, instó a las fuerzas populares a «luchar para que Cristina esté libre y para que nuestro presidente sea Axel Kicillof», demostrando un compromiso inclaudicable con las causas democráticas.
La trayectoria de Visitación estuvo marcada por su origen obrero en las grandes fábricas argentinas y el ejemplo de su hijo, quien fue delegado estudiantil y realizaba trabajo social en villas de emergencia.
Sobre Roberto y su nuera, la madre recordaba que «ella enseñaba a las madres que tenían hijos discapacitados; él, que sabía de electricidad, ayudaba a los vecinos con las conexiones de luz y de agua».
Hasta sus últimos días, la Administración de su propia fuerza le permitió participar en el 50 aniversario del golpe de Estado este 24 de marzo, consolidándose como una referente de la memoria histórica frente a cualquier intento del Gobierno actual por silenciar los crímenes de lesa humanidad.
Esta mujer, que transformó el dolor desgarrador de la desaparición de su hijo Roberto y su nuera Dominga en una herramienta de lucha colectiva, encarnó la esencia misma de las Madres de Plaza de Mayo.
Su figura se alzó como un faro de lucidez, demostrando que ni el paso del tiempo ni la crueldad de las dictaduras pueden doblegar a quien camina con la verdad como estandarte.
Su coraje se mantuvo intacto frente al avance de políticas que desmantelan los derechos conquistados, exhortando a las nuevas generaciones a «luchar con fuerza, con coraje» para no permitir el retroceso hacia épocas de oscurantismo.
Hoy, Nuestra América despide a una mujer cuya fortaleza recordó que la solidaridad es la ternura de los pueblos y que la lucha por la vida es, por definición, una tarea que no conoce el cansancio.