El "feto administrativo" de Popayán: El contrato de $1.000 millones que murió antes de nacer y tambalea el empréstito

La Alcaldía resilió el convenio con Unicauca por falta de competencia legal. El Concejo Municipal queda bajo la lupa por aprobar un endeudamiento de $48 mil millones sin soportes técnicos sólidos.

El "feto administrativo" de Popayán: El contrato de $1.000 millones que murió antes de nacer y tambalea el empréstito

Popayán enfrenta hoy una de sus crisis de gestión más profundas tras revelarse que el contrato interadministrativo de consultoría para los estudios y diseños del puente de Campanario, valorado en más de $1.000 millones de pesos, fue resiliado sin haber ejecutado un solo peso. Firmado en una carrera contrarreloj a las 11:58 p. m. apenas dos minutos antes de iniciar la Ley de Garantías, el proceso no solo evidencia una presunta celebración indebida de contratos, sino que deja en el aire la legalidad del acuerdo municipal que autorizó un empréstito de $48 mil millones, el cual se sustentaba, en parte, en este proyecto hoy inexistente.

Una carrera de dos minutos que costó seis meses

Lo que la administración municipal intentó presentar como un trámite ágil resultó ser un episodio de improvisación administrativa y presunta ilegalidad. El contrato, financiado con recursos propios y destinado a ser la base técnica del puente vehicular de Campanario, fue suscrito sin que existiera la capacidad ni la competencia legal requerida.

Este error, atribuido directamente al Secretario de Infraestructura, no es una simple anécdota de oficina. Según expertos, la firma de un contrato sin autorización ni competencia configura un presunto delito de celebración indebida de contratos, una falta gravísima que el municipio intentó subsanar "resiliando" el documento, reconociendo implícitamente que el proceso nació viciado.

¿Dónde estuvo el control político del Concejo?

La pregunta que hoy indigna a la ciudadanía es: ¿Cómo aprobó el Concejo Municipal un empréstito de $48 mil millones si los soportes técnicos eran jurídicamente de papel? La Secretaría de Infraestructura, responsable de estructurar la contratación con la Universidad del Cauca y entregar los insumos técnicos, omitió la normatividad básica. Si el proyecto del puente vehicular era un pilar para justificar el endeudamiento de la ciudad, la caída de este contrato debería, por lógica jurídica y ética, tumbar el acuerdo de empréstito. La corporación edilicia parece haber fallado en su deber de revisión y deliberación, actuando más como un notario de la administración que como un contrapeso democrático.

"Resiliar un contrato implica reconocer que algo salió mal. Pero terminarlo sin haberlo iniciado deja una pregunta inquietante: ¿Quién dio el aval final y dónde estaba el equipo jurídico?".

El riesgo de la acumulación de poder

El actual Secretario de Infraestructura, quien simultáneamente atiende la dirección de Movilidad Futura, parece ser el epicentro de la tormenta. Su presunta participación en proselitismo político, sumada a la gestión de dos carteras críticas, ha derivado en decisiones apresuradas que ponen en riesgo la estabilidad financiera de Popayán.

Este no es el primer "ruido" en su gestión; ya se han reportado casos llamativos donde contratistas ganadores ceden sus contratos a los perdedores, una práctica que enciende todas las alarmas sobre la idoneidad de quien maneja la chequera de las obras públicas en la ciudad.

Endeudar a una ciudad por $48.000 millones de pesos para pavimentar vías menores y hacer "mantenimientos" no es gestión; es, financieramente hablando, un suicidio administrativo con cuotas de manejo incluidas. Es el equivalente a pedir una hipoteca a 20 años para pagar el mercado del mes: una vez se acabe la comida, solo te quedará el hambre y la deuda.

Popayán no necesita "pañitos de agua tibia" que se lavan con el primer aguacero; necesita megaobras. Pero claro, pedir visión de futuro a una serie de administraciones desde la época del ex alcalde Ramiro Navia se han dedicado a feriar los servicios públicos a manos privadas es como pedirle peras al olmo.

Juan Carlos Muñoz Bravo llegó a la Alcaldía de Popayán con un libreto envidiable: "derrotar a la política tradicional". Fue un eslogan hermoso, una pieza de oratoria digna de un Óscar al mejor guion de ficción, porque para desgracia de los payaneses, la tan cacareada "Recuperación o Alianza con Popayán" resultó ser un vulgar relevo de acreedores. Hoy, lo que vemos no es una renovación, sino el asombroso espectáculo de unas secretarías captadas por la misma politiquería rancia que ha desangrado a la ciudad durante décadas.

El "cambio" que se quedó en el semáforo

Hablemos de la Secretaría de Tránsito. En teoría, este despacho iba a ser el estandarte de la inclusión para "los nadie y las nadie". Sin embargo, el romanticismo duró poco: hoy la cartera parece responder estrictamente a las estructuras de Jorge Bastidas. Pasaron de la épica del discurso social a la gris burocracia del semáforo, demostrando que en política, el "cambio" suele ser solo de nombre en la nómina, lo que nunca cambia son los escándalos de presunta corrupción.

Planeación: Nostalgia por el pasado judicial

En la Secretaría de Planeación, el panorama es aún más desolador. Mientras Popayán se hunde en la improvisación, el actual secretario, Víctor Armando Martínez, parece despachar con un ojo en el mapa y otro en las directrices de su jefe político, el exministro Luis Fernando Velasco.

Es curioso, por no decir sospechoso, que con Velasco hoy envuelto en ruidosos procesos judiciales, el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) avance a "paso de tortuga". ¿Será que el retraso no es por incapacidad técnica, sino porque están puliendo detalles para blindar intereses particulares por encima del deber ser general? En Popayán, la planeación parece ser el arte de esperar a que el jefe resuelva sus líos legales.

El sucesor prematuro y el banquete de las necesidades

Y como si la ciudad no tuviera suficientes problemas, el Secretario General, Edwin Muñoz, la sombra del alcalde, ya se siente heredero del trono. Sin el más mínimo pudor, Muñoz ya está en campaña para ser el sucesor, tal como quedó en evidencia en el festejo que organizó el pasado diciembre.

Allí, rodeado de supuestos "líderes sociales", se escenificó el viejo truco de la política criolla: aprovecharse de las necesidades de las personas de escasos recursos para llevarlas, como ovejas al matadero electoral, y terminar eligiendo a gobernantes que carecen de la visión y la capacidad para transformar un territorio que se les quedó grande.

Veredicto: Si el señor Juan Carlos Muñoz no demuestra carácter y corrige el rumbo de inmediato, habremos perdido otros cuatro años. Y todos lo sabemos: cuatro años de una buena administración se pasan volando, pero cuatro años de una gestión mediocre son una eternidad de atraso y desesperanza.

La trampa del crédito: ¿Progreso o simplemente una deuda con mejor pintura?

Retomemos el sainete del empréstito, ese deporte nacional de los últimos mandatarios locales que consiste en hipotecar el futuro de los payaneses para simular gestión en el presente. Para que nos entendamos sin tanto tecnicismo burocrático, usemos una analogía simple: imagine que usted pide una hipoteca a 20 años solo para pagar el mercado del mes y darle una mano de pintura a la fachada de su casa. Al cabo de unas semanas, el mercado se habrá consumido y la pintura se habrá descascarado, pero la deuda, esa sí, se quedará a vivir con usted por décadas.

Endeudar a Popayán por $48.000 millones de pesos para pavimentar vías menores y realizar mantenimientos rutinarios no es una inversión, es un suicidio administrativo a cuotas. Es la confesión abierta de una incapacidad total de recaudo y ejecución: están usando la tarjeta de crédito de la ciudad para cubrir los gastos corrientes que deberían pagarse con el impuesto de los ciudadanos.

Un empréstito tiene sentido ético y financiero únicamente cuando se traduce en megaobras de transformación real, como aquellas que cambiaron la cara de la ciudad entre 2004 y 2007 bajo la gestión de Víctor Ramírez, cuando de construyo el puente deprimido de la Esmeralda y que mejoro sustancialmente la movilidad en ese sector. Lo de ahora, en cambio, es una carrera desesperada por firmar contratos a las 11:58 p. m. como el fallido estudio del puente de Campanario que nació muerto, para justificar un dinero que solo servirá para que el próximo alcalde encuentre las arcas vacías y las calles, de nuevo, llenas de parches.

Un llamado a la responsabilidad

Señor alcalde: la ciudad no puede seguir pagando el precio de la improvisación de su círculo cercano. Popayán merece una investigación inmediata y rigurosa sobre quiénes intervinieron en este contrato de las 11:58 p. m.. La credibilidad de su gobierno y la estabilidad jurídica del municipio están en juego.

Estado de la noticia: Información en desarrollo. A la espera de pronunciamiento oficial de la Personería y la Contraloría Municipal sobre la validez del acuerdo del empréstito.

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