El legado económico de Petro: empleo e indicadores sociales al alza, pero con una deuda fiscal que pesa
El presidente Gustavo Petro cerrará su mandato con una de las tasas de desempleo más bajas de los últimos años, aunque también dejará un panorama marcado por el aumento del endeudamiento estatal.
El primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia cierra su mandato con una economía que muestra avances sociales notables pero también desequilibrios fiscales que el próximo presidente deberá enfrentar desde el primer día.
Entre los logros más destacados del gobierno Petro figura el mercado laboral. Colombia cerró 2025 con más de 600.000 empleos creados y una tasa de desempleo del 8,9%, la más baja de las últimas tres décadas y la menor de lo que va del siglo. La pobreza multidimensional, que mide las condiciones de vida en educación, salud, vivienda y empleo, cayó al 9,9% en 2025, tres puntos menos que en 2022 y por debajo del 10% por primera vez en 25 años.
El turismo también registró un salto significativo. Entre 2022 y 2025, Colombia pasó de recibir 4,7 millones de visitantes a 6,5 millones, lo que disparó los ingresos en divisas de 7.730 millones de dólares en 2023 a 11.166 millones en 2025. Por primera vez en la historia, el turismo superó los ingresos generados por el carbón. En el campo, los precios récord del café y el cacao inyectaron recursos frescos a cientos de miles de familias rurales.
Sin embargo, esos logros coexisten con un panorama fiscal preocupante. El gasto público desaforado, el endeudamiento a tasas elevadas y un recaudo tributario que no ha crecido al mismo ritmo han apretado las finanzas del Estado. Colombia es hoy, según la CEPAL, el segundo país de América Latina con peor déficit público, con un 6,4% del PIB. A esto se suma una baja inversión y el deterioro de sectores como los hidrocarburos, golpeados por las políticas del gobierno frente a los combustibles fósiles.
El sucesor de Petro, quien asumirá el 7 de agosto tras las elecciones del 31 de mayo y la eventual segunda vuelta del 21 de junio, hereda indicadores sociales favorables pero también una caja pública comprometida que limitará su margen de maniobra desde el inicio.
José Ignacio López, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, ANIF, identifica el motor del crecimiento: los subsidios, la expansión de la nómina estatal y los aumentos del salario mínimo pusieron dinero en los bolsillos de millones de colombianos y dinamizaron el consumo. Incluso la banca, sector blanco frecuente de las críticas del presidente Petro, logró recuperar sus utilidades.
Sin embargo, varios economistas cuestionan el alcance real de estos resultados. Jorge Iván González, quien dirigió el Departamento Nacional de Planeación durante el primer año y medio del gobierno, sostiene que en cifras absolutas la pobreza monetaria, la que mide los ingresos familiares, no ha mejorado en una década. Sobre la caída del desempleo afirma que es «un misterio que nadie entiende», sin claridad sobre a qué factor atribuirla. «¿Es Petro? ¿El alcalde de Bogotá? ¿O los Char?», se pregunta. González también señala que el crecimiento del PIB es mediocre frente al promedio histórico del 3,9% y que está traccionado fundamentalmente por el gasto público.
Colombia creció un 2,6% en 2025, consolidando su recuperación pospandemia con el apoyo del gasto privado. Los hogares aceleraron su consumo por el aumento del salario mínimo y el crecimiento de las remesas, principalmente desde Estados Unidos y España, que aportaron casi el 3% del PIB con 13.098 millones de dólares, un 10,6% más que en 2024. Luis Fernando Mejía, fundador de Lumen Economic Intelligence, precisa que el consumo público es responsable del 63% del crecimiento económico en los últimos tres trimestres.
El Comité Autónomo de la Regla Fiscal, CARF, organismo independiente que vigila las cuentas públicas, detectó señales de recalentamiento: la demanda interna creció en 2025 a un ritmo 1,5 veces superior al de la producción, lo que presiona las importaciones y aviva la inflación.
El problema de fondo es que ese consumo no ha generado capital productivo. La inversión en fábricas, maquinaria e infraestructura, lo que los economistas denominan formación de capital, está en su nivel más bajo en dos décadas, rondando el 16% del PIB, peor que durante la pandemia. El economista Salomón Kalmanovitz advierte que por primera vez el gasto público, que alcanzó el 17,3% del PIB en 2025, supera a la inversión privada, desalentando a los empresarios que podrían apostar por nuevos proyectos productivos.