El Norte del Cauca consolida su peso político: Elías Larrahondo y Arnulfo Mostacilla lideran el empoderamiento territorial
Más allá de figuras individuales, el avance de estos liderazgos refleja un proceso de organización social que busca romper con décadas de olvido institucional y centralismo.
En un momento crucial para la configuración política del suroccidente colombiano, el Norte del Cauca ha dejado de ser un espectador de las decisiones nacionales para convertirse en un actor protagónico. Liderazgos como los de Elías Larrahondo y Arnulfo Mostacilla se consolidan hoy no solo como nombres de relevancia electoral, sino como símbolos de una base social que reclama autonomía, dignidad y una representación sin intermediarios desde los territorios históricamente marginados.
De la periferia al centro de la decisión
Durante décadas, las comunidades del Norte del Cauca fueron tratadas bajo una lógica de periferia: invisibilizadas en la planificación estatal y utilizadas como fortines electorales en épocas de campaña. Sin embargo, la narrativa ha dado un giro estructural.
El liderazgo de Elías Larrahondo, quien marcó un hito como el primer gobernador afrodescendiente del departamento, representó una ruptura con la idea de que el desarrollo debe ser "concedido" por las élites tradicionales. Su gestión y mensaje han insistido en que el fortalecimiento real nace cuando los territorios se reconocen como sujetos políticos activos.
"El poder no es una concesión del centro hacia las regiones; es un ejercicio de soberanía que nace en la vereda, en el consejo comunitario y en la guardia", señalan analistas locales sobre esta transición.
La continuidad de una visión comunitaria
Esta visión encuentra un relevo natural en figuras como Arnulfo Mostacilla, cuya trayectoria desde la base comunitaria resuena con la necesidad de una gobernanza con identidad. Para los habitantes de municipios como Miranda, Santander de Quilichao y Guachené, Mostacilla simboliza la posibilidad de ejercer el poder con coherencia territorial.
Lo que ocurre hoy en la región no es un simple cambio de nombres en la administración pública. Se trata de un empoderamiento colectivo donde:
- La unidad social se antepone a los intereses de partidos tradicionales.
- La memoria histórica se utiliza como herramienta de resistencia y construcción.
- La identidad territorial es el eje transversal de cada propuesta de política pública.
El fenómeno político en el Norte del Cauca es un espejo para otras regiones de Colombia. Si este modelo de liderazgo basado en la identidad y la base social tiene éxito, se debilita el sistema de "clientelismo de centro", obligando al Estado central a negociar con interlocutores legítimos que conocen la realidad del conflicto, la tenencia de la tierra y las necesidades básicas insatisfechas de primera mano.
El despertar de una región que ya no pide permiso
El mensaje enviado desde las comunidades es contundente: el poder no se mendiga; se organiza. El fortalecimiento social no es un anuncio institucional, sino una realidad palpable en las asambleas y en el respaldo a líderes que no han renunciado a su origen.
El Norte del Cauca hoy no pide permiso para existir políticamente. Se reconoce, se organiza y avanza. Figuras como Larrahondo y Mostacilla encarnan la esperanza concreta de que los territorios olvidados pueden, finalmente, ser los arquitectos de su propio destino.
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