El peligroso negocio de la politiquería: prometer con los servicios públicos cada cuatro años

Esta es la opinión del comunicador social y periodista judicial frente a la ola de supuestas críticas de líderes políticos que usan este tema como caballito de batalla electoral.

El peligroso negocio de la politiquería: prometer con los servicios públicos cada cuatro años

Por Francisco 'Pacho' Calderón

Ya lo hemos visto tantas veces que casi podríamos recitarlo de memoria. Se acercan las elecciones y, como por arte de magia, aparecen en Popayán y en todo el Cauca los mismos discursos, las mismas promesas y los mismos salvadores de siempre. Gente que durante años no dijo nada y que, de un momento a otro, descubre los problemas que llevamos tiempo padeciendo.

Esta vez le tocó el turno a los servicios públicos, y sobre todo a la factura de la luz. Y no es para menos: a todos nos duele cuando llega el recibo. Pero ahí es justamente donde algunos políticos ven su oportunidad. Toman esa rabia, que es legítima, y la convierten en campaña: señalan culpables, desprestigian empresas y venden soluciones que suenan muy bonitas en tarima, pero que no son tan sencillas como las pintan.

Hablemos claro. El precio de la energía no es un problema solo del Cauca, y no se arregla cambiando de empresa como quien cambia de camisa. Es un asunto nacional que tiene que ver con cómo está armado el mercado energético, con lo que cuesta generar y llevar la energía hasta nuestras casas, con los subsidios, con las decisiones de los reguladores y con las políticas del Gobierno Nacional.

Las tarifas se calculan con una metodología que fija la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), y dependen de muchos factores que no están en manos de la empresa que nos presta el servicio. Por eso, cuando alguien promete que basta con cambiar de operador para que la luz salga más barata, como mínimo está simplificando las cosas de manera irresponsable.

Y ya que estamos, también hay que mirar hacia Bogotá. Las decisiones del Gobierno Nacional sobre el sector energético y los cambios en los subsidios preocupan, y mucho, porque terminan pegándole al bolsillo de las familias. Más aún en una región como la nuestra, donde miles de hogares hacen cuentas cada mes para llegar a fin de mes.

Ojo, que esto no es una defensa ciega de las empresas. Tienen que responder por la calidad del servicio, por cómo atienden a la gente, por lo que invierten y por cumplir lo que les corresponde. Nadie está por encima de la crítica. Pero una cosa es exigirles resultados, y otra muy distinta es usarlas como piñata en discursos de gente que ni siquiera se ha tomado el trabajo de entender cómo funciona el sistema.

Lo que de verdad preocupa es ver a ciertos dirigentes aprovechándose del descontento para presentarse como los grandes salvadores del pueblo. Prometen soluciones mágicas, dicen que van a cambiarlo todo y juran que, si llegan al poder, los servicios serán mejores y más baratos.

Entonces, que lo expliquen. Con números, no con gritos. ¿De dónde va a salir la plata? ¿Qué cambios en la regulación proponen? ¿Cómo van a garantizar la inversión, la infraestructura y que el servicio no se caiga? ¿Qué han logrado antes que nos permita creerles?

Si no pueden responder eso, no es una propuesta. Es indignación de temporada.

El Cauca necesita líderes que se sienten a estudiar los problemas, que conozcan el sector, que vayan a tocar puertas al Gobierno Nacional y que defiendan a la gente con propuestas que se puedan cumplir, no con frases pensadas para la foto y el voto.

Pero también nos toca a nosotros. Los ciudadanos tenemos que dejar de premiar la politiquería de siempre. No podemos seguir creyéndole, cada cuatro años, al que llega con respuestas fáciles para problemas difíciles y luego se esfuma apenas se cierran las urnas.

La energía no es un lujo; es un servicio esencial, básico para los ciudadanos y ciudadas. Lo que pagamos por ella merece una discusión seria, transparente y con argumentos. El Cauca merece respeto, y ese respeto empieza por no usar las necesidades de su gente como trampolín electoral.

Ya basta de promesas cada cuatro años. Lo que el Cauca necesita es gestión, seriedad y responsabilidad. No más politiquería.