En la Comuna Cinco, la Iglesia se convierte en refugio social y esperanza comunitaria

Esta es la párroquia San Antonio de Padua del barrio Los Suaces de la capita del Cauca.

En la Comuna Cinco, la Iglesia se convierte en refugio social y esperanza comunitaria

En la Comuna Cinco de Popayán, donde las dificultades sociales hacen parte del día a día de muchas familias, la fe se ha convertido en un punto de encuentro. Allí, en el barrio Los Sauces, la parroquia Iglesia San Antonio de Padua no solo abre sus puertas para la Eucaristía, sino que se ha consolidado como un espacio de escucha, acompañamiento y reconstrucción del tejido social.

Desde 2024, el padre Óscar Páez asumió el liderazgo pastoral de esta comunidad. Dos años después, su labor no se limita al altar: se traduce en cercanía con las familias, apoyo espiritual en momentos difíciles y promoción de espacios que fortalecen la convivencia.

“La presencia de la Iglesia siempre inspira paz y unidad, entre los cristianos, entre los creyentes y también entre quienes no lo son. Estamos llamados a ser garantes de justicia y de reconciliación”, afirmó el sacerdote, consciente de que la misión pastoral va más allá de los ritos religiosos.

La Comuna Cinco ha sido señalada por enfrentar problemáticas sociales complejas. Sin embargo, detrás de esas estadísticas hay una comunidad que trabaja por salir adelante y que ha encontrado en su parroquia un lugar seguro.

“Hemos llevado dos años de trabajo continuo en esta comunidad que, aunque tiene una problemática especial, también se une para hacer cosas muy bonitas. La gente participa, se compromete, vive la fe y quiere salir adelante”, explicó el padre Páez.

Uno de los momentos más significativos ocurre el último domingo de cada mes. Ese día, la parroquia vive una jornada especial de devoción a San Antonio de Padua, patrono del templo y figura profundamente venerada por la tradición católica.

“Es una devoción muy bella. Oramos por todas las gracias recibidas y también ponemos en manos de nuestro patrono las necesidades de la comunidad. San Antonio es uno de los santos a quienes se les atribuyen grandes bendiciones”, expresó el sacerdote.

Pero la celebración no se limita a la oración. La parroquia ha incorporado expresiones culturales del Pacífico colombiano, como arrullos y danzas tradicionales. Mujeres del barrio ofrecen su talento como acto de fe, transformando el templo en un escenario donde espiritualidad e identidad cultural se entrelazan.

“Estas danzas y arrullos son una manera hermosa de presentar ante el Señor nuestro arte y nuestras raíces. Aquí vivimos esa tradición que nos llena de identidad y orgullo”, añadió el párroco.

En medio del contexto social y político del país, la Iglesia también ha hecho un llamado a la responsabilidad ciudadana. Durante la más reciente celebración, el padre Páez invitó a los feligreses a vivir las próximas elecciones con serenidad y discernimiento.

“Pedimos que las elecciones se desarrollen en paz, bajo la protección de la Santísima Virgen María y de San Antonio. Que el Espíritu Santo ilumine a quienes aspiren a dirigir el país, para que sean verdaderos constructores de amor y reconciliación”, manifestó.

El mensaje no es partidista, sino profundamente social: promover la participación consciente, el respeto y la convivencia en un entorno donde la polarización también impacta a las comunidades locales.

Más allá de los muros del templo, la labor pastoral se refleja en el acompañamiento permanente a familias que atraviesan momentos difíciles. Escuchar, orientar y tender la mano se han convertido en pilares del trabajo parroquial.

“Aquí estamos inmersos en situaciones que muchas veces son dolorosas, pero se necesitan misioneros capaces de ser testimonio de amor y entrega. Nuestra misión es acompañar y ayudar a superar obstáculos”, concluyó el sacerdote.

En un sector que necesita presencia institucional constante, la parroquia San Antonio de Padua se ha transformado en un símbolo de resistencia pacífica y organización comunitaria. Allí, la fe no solo se profesa; se convierte en acción social.

Porque en Los Sauces, la Iglesia no es únicamente un lugar de oración: es un espacio donde se reconstruye esperanza, se fortalecen lazos y se siembra paz en medio de la adversidad.