Estados Unidos reduce su despliegue militar en el Caribe y reubica buques al norte de Cuba, según The New York Times
‘Lanza del sur’ trasladó los buques USS Iwo Jima y el USS San Antonio, al norte de Cuba. Esta es la razón.
El Ejército de los Estados Unidos ha iniciado una reducción y reorganización de su presencia naval en el mar Caribe, particularmente frente a las costas venezolanas, tras la operación militar que culminó con la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero.
Según información revelada por el diario estadounidense The New York Times, funcionarios anónimos citados por el medio señalaron que, pese a las declaraciones oficiales del Pentágono de que mantendría sus navíos en la región y continuaría con las operaciones destinadas, entre otras cosas, a neutralizar lanchas cargadas con drogas, la realidad operativa habría comenzado a cambiar en los últimos días.
Los movimientos más significativos incluyen la reubicación de dos buques de asalto anfibio, el USS Iwo Jima y el USS San Antonio, a aguas cercanas al norte de Cuba, en el Océano Atlántico, como parte de un ajuste estratégico tras el desarrollo de la reciente misión en Venezuela.
Estas embarcaciones, diseñadas para el transporte de tropas y su desembarco en operaciones anfibias, formaban parte de la flota desplegada en el Caribe desde mediados de 2025 en el marco de una campaña que Washington ha descrito como dirigida a combatir el narcotráfico y garantizar la seguridad hemisférica.
El traslado de estos buques representa un cambio significativo en la presencia militar estadounidense en la región, que reduce el número de tropas desplegadas en el Caribe en aproximadamente 3.000 efectivos, dejando un total estimado de alrededor de 12.000 militares norteamericanos en estaciones marítimas y bases cercanas.
Además de la reorganización naval, fuentes gubernamentales han señalado que algunos activos aéreos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos también han salido de la zona, incluidos aviones especializados en apoyo a operaciones de búsqueda, rescate y reabastecimiento.
Este repliegue parcial ocurre luego de que las fuerzas estadounidenses, como parte de la operación para capturar a Maduro —quien ahora enfrenta cargos federales en Estados Unidos—, movilizaran una de las mayores concentraciones de poder militar en el Caribe en años recientes. El despliegue incluyó destructores, buques anfibios y el portaaviones USS Gerald R. Ford, considerado uno de los más avanzados de la Armada estadounidense.
El objetivo oficial de este despliegue, según fuentes del gobierno estadounidense, ha sido inicialmente la interdicción de narcóticos y la presión sobre redes criminales asentadas en la región. Sin embargo, analistas y exfuncionarios han señalado que la magnitud de las fuerzas reunidas superó lo usual para misiones contra el tráfico de drogas, sugiriendo que también se trató de un componente de disuasión y proyección de poder frente a un régimen que Washington considera ilegítimo.
Repercusiones y reacciones regionales
El repliegue y reposicionamiento de buques llega en un momento de alta tensión hemisférica. Países vecinos, aliados y críticos han observado con atención las variaciones en el despliegue estadounidense, mientras que medios internacionales han reportado opiniones divergentes sobre cómo estas acciones influirán en la estabilidad regional.
En Cuba, por ejemplo, gobiernos ligados políticamente a Caracas han advertido que la presencia militar estadounidense en aguas cercanas representa un “grave peligro para la paz” en la región, responsabilizando a Washington de cualquier escalada ulterior.
Por su parte, las autoridades estadounidenses han mantenido un discurso de firmeza, reiterando que sus fuerzas permanecerán listas para actuar si se considera necesario, y que la reorganización de activos no implica una retirada total ni un cambio en sus objetivos estratégicos de seguridad en el Caribe y el Atlántico occidental.
Mientras tanto, analistas militares señalan que el movimiento de activos hacia el norte de Cuba podría responder a una estrategia de optimización de recursos, permitiendo a Estados Unidos mantener un control operativo rápido sobre el área sin concentrar grandes flotas en un solo punto geográfico.
El impacto político, diplomático y de seguridad de estos cambios aún está por verse, especialmente a medida que la situación en Venezuela evoluciona y que actores regionales observan con cautela cada movimiento de las grandes potencias en sus costas.