Exjefe del cartel de Cali pide libertad en EE. UU. por grave deterioro mental

Un hombre que alguna vez dirigió uno de los carteles más poderosos del mundo, hoy no recuerda ni dónde está.

Exjefe del cartel de Cali pide libertad en EE. UU. por grave deterioro mental

El exnarcotraficante colombiano Miguel Rodríguez Orejuela, considerado uno de los máximos líderes del cartel de Cali en la década de los 90, solicitó su liberación anticipada ante la justicia de Estados Unidos, argumentando un severo deterioro de su salud mental que, según su defensa, lo mantiene desconectado de la realidad.

Rodríguez Orejuela, hoy de 82 años de edad, fue una de las figuras clave del poderoso cartel de Cali, organización criminal que llegó a dominar gran parte del tráfico de cocaína hacia Estados Unidos. Tras su captura en Colombia, fue extraditado en 2005 y un año después se declaró culpable de cargos relacionados con conspiración para importar drogas y lavado de dinero, recibiendo una condena de 30 años de prisión.

Actualmente permanece recluido en la Federal Correctional Institution Big Spring, donde, según un documento presentado ante la Corte del Distrito Sur de Florida por sus abogados Brandon Sample y Joshua S. Danz, padece demencia vascular avanzada.

La defensa describe un cuadro clínico alarmante. Según el expediente, el exjefe del cartel experimenta episodios frecuentes de confusión severa: se despierta creyendo que está en Colombia y pide ayuda para tomar un taxi hacia Bogotá; en otras ocasiones, piensa que está huyendo por las montañas para evadir a las autoridades, pese a encontrarse dentro de su celda.

Además, presenta delirios paranoides, como la creencia de que otros reclusos intentan envenenar su comida, lo que ha obligado a que personal médico supervise su alimentación. Los informes también indican que sufre daño cerebral irreversible, producto de múltiples infartos cerebrales, evidenciado en estudios de imagen.

El deterioro ha avanzado hasta el punto de que, según sus abogados, no puede valerse por sí mismo. Olvida tomar medicamentos, no reconoce dolencias físicas —como ocurrió con una inflamación severa en la mandíbula— y depende completamente de terceros para su cuidado diario.

Otro de los argumentos de la defensa apunta a posibles fallas en su atención médica dentro del sistema penitenciario, ya que algunas evaluaciones se habrían realizado en inglés, idioma que el exnarcotraficante no comprende, lo que podría haber afectado el seguimiento adecuado de su condición.

Pese a este panorama, la solicitud de liberación fue inicialmente rechazada por las autoridades penitenciarias, bajo el argumento de que aún conserva la capacidad de realizar tareas básicas, como alimentarse. No obstante, su equipo legal insiste en que mantenerlo en prisión carece de sentido tanto jurídico como humanitario.

Tras haber cumplido más de 22 años de su condena, el caso ahora está en manos de un juez federal, quien deberá determinar si su condición encaja dentro de las denominadas “razones extraordinarias y convincentes” que contempla la ley estadounidense para otorgar una liberación anticipada.

Expertos señalan que Rodríguez Orejuela cumple varios de los criterios que suelen considerarse en estos casos: supera los 65 años, ha cumplido una parte significativa de su pena y presenta un grave deterioro de salud. De concederse la libertad, sería deportado a Colombia, donde quedaría bajo el cuidado de su familia.

Sin embargo, el proceso no está exento de obstáculos. La gravedad de los delitos por los que fue condenado —al haber liderado una de las organizaciones narcotraficantes más poderosas de la historia reciente— pesa considerablemente en la decisión. En estos casos, los jueces federales suelen actuar con cautela, incluso cuando se trata de reclusos en condiciones críticas de salud.

La decisión final marcará un precedente sobre los límites entre justicia, castigo y consideraciones humanitarias en casos de alto perfil dentro del narcotráfico internacional.