La educación de los pueblos: el verdadero camino a la paz.
¡Vé, pilla! De paso entérate: no fue Cristóbal Colón el primer extranjero en pisar América. Los vikingos, cinco siglos antes, navegaron desde Groenlandia y no los aprovechamos.
Por: Carlos Salas Cardona
En plena Edad Media, estos navegantes de barba larga atravesaron el Atlántico Norte en sus barcos y se establecieron en L'Anse aux Meadows, un asentamiento para la reparación de naves y recolección de madera. Los rastros arqueológicos revelan que estuvieron allí poco tiempo y que eran cerca de 160 exploradores, entre hombres y mujeres.
Si los pueblos originarios hubieran integrado esas técnicas de navegación y metalurgia, habríamos recibido a los españoles, cinco siglos después, como se merecían. Hablaríamos nuestras lenguas y adoraríamos a nuestros dioses. Económicamente estaríamos al nivel de las potencias mundiales, porque seguramente habríamos construido barcos para explorar otras tierras. Ese conocimiento, sumado a la sabiduría de nuestros pueblos, habría sido un éxito total. ¡Parceros, ya estaríamos haciendo asados en la Luna los fines de semana! (jeje).
Pero ¡no! Por aquellos años, la educación era un privilegio de las familias más adineradas. Solo las élites de los imperios o de los feudos podían acceder al pensamiento crítico y aprender a leer o escribir. ¿Por qué creen que las mejores universidades y bibliotecas han estado siempre en los países más poderosos? Antes de la imprenta, los libros se escribían a mano y los "académicos" eran consejeros privilegiados del Rey; eran parte de la oligarquía.
Si nuestros ancestros hubieran tenido un sistema educativo para investigar, sistematizar y multiplicar el conocimiento, la historia sería otra. Quizás hoy el vallenato sonaría fuerte en Ámsterdam y tendríamos a las grandes estrellas del fútbol mundial jugando en el rentado local.
¿Por qué creen que los nazis quemaban libros? ¿O por qué las élites siempre han intentado evitar que la clase obrera estudie? Porque al poder le interesa mantenernos ingenuos y crédulos.
Incluso en tiempos modernos, como en 1939, el egocentrismo casi nos lleva a "resetear" la Pacha Mama. La ciencia descubrió cómo separar átomos buscando energía, pero el poder usó ese conocimiento para destruir Hiroshima y Nagasaki.
Tras la Segunda Guerra Mundial y la creación de la ONU, el mundo intentó ponerse de acuerdo para no matarse. Es en esa defensa del saber donde la autonomía universitaria cobra fuerza: para evitar que la ciencia se rinda ante la guerra y se dedique a construir la paz.
En la historia, quienes accedieron al conocimiento terminaron sometiendo a los demás. Los pueblos negros e indígenas fueron esclavizados porque el colonizador aprendió a ejercer la violencia de forma más sistemática. La autonomía universitaria busca que dediquemos el presupuesto a la vida y no al asesinato.
La educación nos hace libres. Pública, gratuita y de calidad la recibimos; pública, gratuita, de calidad y con más presupuesto la entregaremos.
¡Viva la U! ¡Viva!
Los quiero, parceros