La madrugada que refleja la profunda crisis de la salud en el Cauca

Este el duro panorama de las difíciles condiciones que enfrentan los usuarios de la Nueva EPS en Popayán.

La madrugada que refleja la profunda crisis de la salud en el Cauca

A las 4:00 de la mañana, cuando la mayoría de la ciudad aún duerme y el frío cala fuertemente los huesos, una mujer llegó apresuradamente a la sede de la distribuidora de medicamentos Mennar, en el sector de Santa Clara, en la ciudad de Popayán.

Su objetivo era claro y extremadamente urgente: alcanzar uno de los primeros lugares en la fila con la esperanza de que, esta vez, sí hubiera el medicamento que necesita para continuar el tratamiento de papá y otro familiar.

"Llegué a las 3:30 de la mañana, me trajo mi esposo, pero me tocó regresarme para volver más tarde, a las 4:30 porque me dio miedo estar sola en medio de esta soledad, por eso le dijo que gracias que usted llegó porque mi acompañante debió irse y ahora gracias no estoy sola", relató la usuaria, quien espera reclamar fármacos para contrarrestar la epilepsia y otros trastornos de sus familiares.

Esta escena, repetida a diario en distintos puntos del departamento y del país, se convirtió en un reflejo doloroso de la profunda crisis que atraviesa el sistema de salud en Colombia. En medio de la soledad de la madrugada y las bajas temperaturas que se registraron este lunes 2 de febrero, la usuaria expresó con voz temblorosa su angustia:

“Joven, gracias a Dios llegó usted, estaba muerta del miedo, no había ni un alma, ahora es más llevadero con usted”. Su relato no solo evidenció el temor que genera esperar sola a esas horas, sino también la desesperación de miles de pacientes que se ven obligados a madrugar —o incluso pasar la noche— para acceder a un derecho fundamental.

Las filas interminables frente a las farmacias autorizadas por las EPS se han vuelto parte del paisaje cotidiano en la capital caucana.

Adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas y pacientes oncológicos permanecen durante horas, expuestos al frío y a la inseguridad, solo para escuchar, en muchos casos, la misma respuesta: “No hay medicamento” o “vuelva otro día”. Para muchos, ese “otro día” puede significar el agravamiento de su enfermedad o el riesgo de perder la vida, situación que se refleja en medio de la feria de recursos públicos durante esta campaña política.

Esta situación se suma a un panorama crítico que desde hace meses golpea al sistema de salud en el Cauca. Hospitales públicos al borde del colapso financiero, retrasos en los pagos al personal médico, escasez de insumos, cierre de servicios y demoras en la asignación de citas especializadas hacen parte de una cadena de fallas que afecta directamente a los usuarios. En municipios apartados, el problema es aún más grave: hay comunidades que deben desplazarse varias horas hasta Popayán para reclamar medicamentos o recibir atención básica.

Organizaciones sociales y veedurías ciudadanas han advertido que la crisis no solo es administrativa, sino también humana. La falta de medicamentos esenciales, el desabastecimiento recurrente y la débil respuesta de las EPS han convertido el acceso a la salud en una carrera de resistencia para los más vulnerables. “Aquí el que no madruga, no se medica”, comentan algunos usuarios, resignados ante una realidad que parece normalizada.

Mientras tanto, las autoridades anuncian mesas de trabajo, planes de contingencia y promesas de mejora que, para los pacientes que esperan en la madrugada, no se traducen en soluciones inmediatas. Cada fila al amanecer, cada historia de miedo y soledad, es un recordatorio de que la crisis de la salud en el Cauca no se mide solo en cifras o informes técnicos, sino en rostros, cuerpos cansados y voces que claman por atención digna, de lo contacto es la muerte.

La mujer que llegó a las 4:00 de la mañana logró, esta vez, asegurar un puesto en la fila. Sin embargo, la incertidumbre persistía: nadie podía garantizarle que el medicamento estuviera disponible. Así, en el frío de la madrugada payanesa, se repite una escena que retrata con crudeza el estado actual del sistema de salud en el departamento y el pais: pacientes madrugando con miedo, esperando respuestas que, muchas veces, nunca llegan.