La pequeña muerte que se vende a dosis: la historia de Jesús y la epidemia silenciosa del tusi en Popayán

Segunda entrega - Desde abajo y con la tierra

La pequeña muerte que se vende a dosis: la historia de Jesús y la epidemia silenciosa del tusi en Popayán

Por: Andrés Maíz 🌽
Persona Defensora de los Derechos humanos, del agua, las semillas y el territorio.
Red de Ollas Comunitarias Fogón Popular
Campamento Humanitario La Estrella Roja.

LA PEQUEÑA MUERTE QUE SE VENDE A DOSIS: LA HISTORIA DE JESÚS Y LA EPIDEMIA SILENCIOSA DEL TUSI EN POPAYÁN
Segunda entrega - Desde abajo y con la gente

Me contaron la historia de Jesús como me cuentan muchas en las plazas de mercado. En voz baja. Como si fuera una vergüenza y no una tragedia.

Jesús tenía 21 años. Era hijo de María y de José, un obrero de construcción que el alcohol al volante se llevó en un accidente de tránsito. María es cocinera de una de las plazas de mercado de Popayán. De ésas mujeres que madrugan a las 3 de la mañana a prender el fogón, que han alimentado a media ciudad con un sancocho.

Jesús cayó preso. No en una cárcel con barrotes, sino de la cárcel química que hoy inunda a Popayán y que se vende a dosis en cada esquina: el Tusi.

Durante tres años, Jesús estuvo esclavizado por esa sustancia. No fue una fiesta. Fue una agonía larga. Fueron varios episodios en la Unidad de Cuidado Intensivo y de reanimación del Hospital San José. Fue María orando, fué María buscando consuelo, fue María buscando en las plantas medicinales, en los ángeles, en los grupos de oración, en los médicos, en las instituciones de rehabilitación, en donde le dijeran que había una esperanza. Tocó todas las puertas. La de la salud, la de la iglesia, la de la policía. Nadie abrió.

No logró superar ésta guerra. Ésta pequeña muerte que se vende a dosis en las calles de Popayán. Juan falleció.

Y su historia, no es una excepción. Es la regla de la que nadie quiere hablar. Es la tragedia silenciosa. La de la pena ajena. Un secreto a voces.

1. NO ES UNA DROGA ROSA, ES UNA RULETA RUSA

Hay que decirlo claro, porque ahí empieza el engaño. El Tusi no es "cocaína rosa". No es 2C-B puro. Lo que hoy se vende como Tusi en Colombia y en Popayán es un cóctel impredecible que fabrica la industria del microtráfico con lo que tenga a mano: ketamina de uso veterinario, MDMA, bazuco, colorantes y nuevas sustancias psicoactivas que ni siquiera sabemos nombrar.

Por eso es tan peligroso. Cada dosis es diferente. El Ministerio de Justicia lo alertó: su composición es impredecible y representa un riesgo creciente para la salud pública.

Y por éso está matando como está matando. No es una sobredosis, es un envenenamiento. Hospitales de Medellín ya reportan jóvenes de 12 a 18 años con daños vasculares graves, con necrosis en manos y pies que han terminado en amputaciones.

2. LAS CIFRAS DE UNA EPIDEMIA QUE EXPLOTÓ

No es percepción. Son datos oficiales.

A nivel nacional, la Encuesta Nacional de Salud Mental 2025, aplicada a más de 120.000 personas, reveló que el Tusi ya tiene una prevalencia del 0,8% en la población. Parece poco, pero es la sustancia ilícita de más rápido crecimiento.

Miremos la curva: en Bogotá, los casos reportados por el sistema de vigilancia pasaron de 792 en 2023 a 1.568 en 2025. Un aumento del 98% en solo dos años. En todo el país, las incautaciones de 2C-B pasaron de 979 unidades en 2015 a 37.387 en 2022 y a 61.400 en 2023.

En Medellín ya no hay un Tusi. Hay 43 marcas diferentes circulando, con tutoriales en redes para fabricarlo en casa. En Popayán cuántas marcas ofrecen la esclavitud y muerte?. Quién da razón?.

¿Y el precio? En Cali, una dosis del Tusi mezclado, el que le venden a nuestros pelaos, cuesta entre 50.000 y 150.000 pesos. El "puro", que ya casi no existe, llega al millón de pesos. Es un negocio de niveles industriales. En Popayán está en 80.000 pesos del "bueno" pero versiones más populares, se encuentran en el mercado a 40.000 mil pesos. Hay de todo como en botica.
3. POPAYÁN: EL SECRETO A VOCES

Y aquí en Popayán, ¿qué pasa?

Mientras nos indignamos por las sucesivas oleadas de grafiti en las paredes blancas, la ciudad está inundada por una red industrial que surte discotecas, bares, parques, oficinas, colegios y universidades. De los nombres que circulan en las noches de rumba podemos citar; polvo de angel, perica, cocaine, tusi y un largo etcétera.

La propia Policía Metropolitana de Popayán lo dice:

Hace meses capturaron a alias 'Diler', un pelado de 20 años que había convertido su casa en el barrio La Ladera en un laboratorio. Le incautaron más de 1.700 pastillas sintéticas y 1.900 dosis sólidas listas para vender en discotecas y fiestas juveniles. Movía más de 50 millones al mes con nuestros jóvenes.

La banda 'Los Corpus', en comunas 4 y 6, con expendios móviles en motos, operando al lado de parques, polideportivos y centros educativos. Su droga entraba desde Timbío, El Tambo y el norte del Cauca.

Esa es la Popayán real. La que no sale en la postal. La que pretenden seguir vendiendo los nostálgicos de una ciudad venida a menos.

4. EL SILENCIO CÓMPLICE

Por eso duele tanto la historia de Jesús.

Porque María hizo lo que se supone que hay que hacer: buscó a las autoridades civiles, a las militares, a las eclesiásticas, a las organizaciones, a las iglesias y nadie la volteó a mirar. Todo se quedó en buenas intenciones, porque ni siquiera existe una política pública para la prevención, el cuidado y la restauración de quienes padecen tal esclavitud. En éso el Concejo Municipal de Popayán tiene una deuda enorme con la juventud, éso sí, usarán éste tema, ahora que empieza la campaña electoral.

Porque es más fácil hablar de seguridad con cilindros bomba en la vía panamericana, que hablar de seguridad con lo que pasa en el parque del barrio a las 9 de la noche. Porque la tragedia del Tusi, el Bazuco, el Pegante, la Perica y todas las ofertas de ése oscuro mundo, es la tragedia de la pena ajena. Nadie quiere hablar de ella porque es un problema de todos.

Y mientras tanto, nuestros hijos se nos van. No sólo a balazos. Se nos van a dosis, a bocanadas de humo.

Popayán necesita un debate que se concrete en acciones, de frente, para evaluar las acciones en prevención y salud mental, no sólo con la policía. Ése debate necesita que la Alcaldía, la Gobernación, la Secretaría de Salud, las iglesias, las universidades, los colegios, las organizaciones populares, las asociaciones de padres de familia, las plazas de mercado nos sentemos a reconocer que hay una epidemia de sustancias y que la vamos a enfrentar desde abajo y con la gente, con respeto, con cuidado, con amor, con verdad, sin doble moral, sin acusaciones, sin señalamientos a las víctimas, sin ambigüedades y con toda claridad de que la industria criminal del narcotráfico, es un brazo muy poderoso del sistema mundo capitalista, sexista, racista, machista, misógeno, transfóbico, militarista y clasista que depreda, asesina, explota y llena de miseria los territorios.

Esta columna es para Jesús. Para María. Para que su nombre no sea silencio.

Si en tu casa, en tu cuadra, están viviendo lo que vivió María, no están solos.

Hablen con un profesional de salud. Busquen ayuda. Insistan. En Popayán pueden acudir al Hospital San José, a la Secretaría de Salud Municipal y a nivel nacional a la Línea de Orientación en Salud Mental: 01 8000 934 242 o al 123 opción salud mental.

Informarse, prevenir y actuar a tiempo puede salvar una vida.