Los penales terminaron por crucificar a la Selección Colombia, que se despide del Mundial
Colombia fue local nuevamente, esta vez en Vancouver, (Canadá), pero su propuesta ofensiva no fue buena. Le faltó arriesgarse.
Otra vez de local, con casa llena, con la marea amarilla en las tribunas del BC Place coreando el nombre de Colombia una y otra vez sin cansancio, con millones de colombianos esperanzados en que su selección del alma diera un paso al frente y se clasificara a los cuartos de final de la Copa del Mundo.
Vancouver (Canadá) fue testigo presencial del encuentro entre Colombia y Suiza, válido por octavos de final de la cita orbital. La banda de Néstor Lorenzo llegaba como favorita, pero debía ratificarlo en la cancha; nada estaba servido. La victoria había que trabajarla, construirla, y el rival, al fin y al cabo europeo, no era papita pal’ loro.
El himno nacional, como siempre, fue cantado con el alma por cada uno de los jugadores del plantel y por los 50 mil colombianos que asistieron a este juego. Los primeros diez minutos fueron de estudio, sin llegadas claras a los arcos, pero con una Colombia que buscaba hacerse con el control del balón. Desde las tribunas, el público también se jugaba su propio partido, respaldando a la selección sin descanso.
El marcador permanecía en cero para ambos lados. Dos equipos que se respetaban demasiado, que hicieron muy poco desde la mitad de la cancha hacia adelante. Arriesgaron poco, y todos saben que los partidos se ganan con goles.
La segunda parte fue distinta. Suiza salió más decidido, con hambre de abrir el marcador lo más temprano posible. Colombia seguía manteniendo el orden, intentando controlar el juego, pero no era tarea fácil ante un rival tan compacto y experimentado. Había que ponerle más picante al compromiso; los minutos pasaban y el tiempo comenzaba a jugar en contra de ambos conjuntos.
La selección colombiana tenía apagada la chispa ofensiva, jugando un partido bastante discreto en ataque. Defendía bien, sí, pero quedaba debiendo a la hora de generar oportunidades claras. Al terminar los 90 minutos reglamentarios más cinco de adición, el duelo continuaba sin goles, por lo que se tuvo que ir a tiempo extra.
A los 98 minutos, tras un tiro de esquina, Jhon Lucumí se elevó y de cabeza estrelló el balón en el palo, un aviso claro de que Colombia buscaba la victoria hasta el último instante. Suiza no tardó en responder y, a los 103 minutos, Zeki Amdouni remató con fuerza, pero Camilo Vargas respondió con una atajada clave para mantener el cero en el arco colombiano.
Los nervios se apoderaban del encuentro. Al minuto 114, Jáminton Campaz tuvo una oportunidad inmejorable, pero increíblemente mandó el balón por encima del palo, desaprovechando una chance clara. El paso a los cuartos de final tendría que definirse en la tanda de penales, y los colombianos comenzaron a comerse las uñas con la incertidumbre.
El primero en lanzar fue Juan Fernando Quintero, quien convirtió con maestría. Dávinson Sánchez no tuvo la misma suerte y desperdició su tiro. Jáminton Campaz logró anotar en su turno, pero fallaron con Cucho, mientras que Luis Díaz convirtió su penal con eficacia. Por parte de Suiza, solo fallaron un disparo, suficiente para que fueran ellos quienes avanzaran a los cuartos de final del Mundial. En dicha instancia, este sábado se medirán a Argentina en Kansas City, en un duelo que promete emociones.
Aunque la derrota dejó un sabor amargo, esta fue la mejor participación de Colombia en una Copa del Mundo desde aquel histórico Mundial de Brasil 2014, cuando la tricolor logró su clasificación a cuartos de final por primera vez. En esa instancia, la selección perdió 2-1 ante Brasil y finalmente terminó en quinto lugar del certamen, la mejor presentación histórica del país.
El camino continúa, y la esperanza de millones de colombianos permanece intacta, esperando que en futuros torneos la selección pueda dar ese paso definitivo hacia la gloria. Mientras tanto, la pasión por el fútbol sigue vibrando fuerte, donde sea que juegue Colombia, con la marea amarilla siempre presente y el corazón puesto en cada jugada.