Los Sauces celebra 19 años de unión comunitaria alrededor del templo de San Antonio de Padua; "toda una catedral"
Esta es la mejor muestra de fe que exista en la ciudad de Popayán.
Entre abrazos, recuerdos y oraciones, la comunidad del barrio Los Sauces, en la comuna cinco de Popayán, se reunió para conmemorar los 19 años de un proceso que nació del esfuerzo colectivo: la construcción del templo en honor a San Antonio de Padua, hoy convertido en un punto de referencia social y espiritual para el sector.
Lo que hoy es una parroquia consolidada, hace casi dos décadas era apenas un anhelo compartido entre vecinos. En medio de dificultades económicas y un contexto marcado por la estigmatización y la violencia, líderes comunitarios y familias decidieron organizarse para levantar un espacio propio. Con mingas, donaciones y trabajo voluntario, poco a poco fueron dando forma a un proyecto que trascendió lo religioso para convertirse en símbolo de identidad barrial.
La conmemoración estuvo marcada por una eucaristía en la que los protagonistas no fueron solo los ritos, sino las historias de quienes participaron en la construcción del templo. Durante la ceremonia, se recordó la instalación de la primera piedra, un momento que sigue vivo en la memoria colectiva y que fue recreado como un gesto simbólico dentro de la celebración.
Uno de los momentos más emotivos fue el homenaje a quienes ya fallecieron, pero hicieron parte fundamental de este proceso. Sus fotografías fueron expuestas como un acto de memoria y reconocimiento, recordando que el templo también es fruto de su esfuerzo y compromiso.

El párroco Óscar Páez resaltó que el verdadero valor de esta historia no radica únicamente en la infraestructura, sino en la transformación social que ha generado. Destacó, además, el caso de un joven que creció en el barrio y hoy regresa como diácono, luego de haber participado desde niño en la construcción del templo junto a su familia.
“Esto demuestra que cuando una comunidad se une, no solo construye paredes, sino también oportunidades y caminos de vida”, expresó el sacerdote.
Durante la jornada, los habitantes también realizaron un acto simbólico llevando al altar elementos representativos de su historia: el pan, la luz, el agua, el vino y la Biblia, como reflejo del camino recorrido y de los valores que han sostenido a la comunidad: la solidaridad, la esperanza y la fe.
Vecinos de sectores cercanos como Los Andes y María Oriente se sumaron a la celebración, evidenciando que la parroquia ha logrado integrar a diferentes comunidades alrededor de un mismo propósito.

Hoy, más que un lugar de culto, el templo de San Antonio de Padua es un espacio de encuentro, diálogo y construcción de tejido social. Su historia refleja cómo la organización comunitaria puede transformar entornos y fortalecer vínculos en territorios que han enfrentado múltiples desafíos.
La conmemoración dejó un mensaje claro entre los asistentes: mantener viva la unión que dio origen a este proyecto y seguir trabajando colectivamente por el bienestar del barrio y de las futuras generaciones.