Mientras otras ciudades actúan, en Popayán impera el desorden y la indiferencia frente a la basura en las calles
Bogotá, Medellín, Villavicencio y Bucaramanga castigan a quienes arrojan basura en el espacio público. En Popayán, en cambio, reina la inacción de la administración de Juan Carlos Muñoz.

Mientras varias capitales colombianas avanzan con firmeza en la lucha contra el arrojo indiscriminado de residuos, Popayán sigue atrapada en el desorden, la falta de autoridad y la ausencia total de cultura ciudadana. La diferencia es evidente y vergonzosa: en otras ciudades se imponen sanciones, se implementan campañas pedagógicas y se ejerce control; en Popayán, ni siquiera hay voluntad.
En Bogotá, por ejemplo, las autoridades impusieron más de 750 comparendos en 2023 por malas prácticas en la disposición de basura. Las multas superan el millón de pesos, y en casos graves como contaminar cuerpos de agua, hay penas de hasta ocho años de prisión. En Medellín, se contrataron 139 guardianes para vigilar que los ciudadanos no arrojen basura a la calle. En Villavicencio se lanzó la campaña “No seas mugre” con sanciones económicas claras. Bucaramanga intensificó los operativos sorpresa para atrapar infractores.
¿Y Popayán? Nada. Solo abandono institucional, calles sucias, puntos críticos de acumulación de basura y una administración municipal incapaz de ejercer autoridad.
La Alcaldía de Popayán, en cabeza del alcalde Juan Carlos Muñoz, ha demostrado una pasividad alarmante frente a un problema que no solo afea la ciudad, sino que afecta la salud pública, el medio ambiente y la convivencia. En vez de liderar una estrategia de control y pedagogía, la administración se ha limitado a mirar hacia otro lado.
No hay campañas masivas, no hay comparendos, no hay vigilancia ni control. Lo que sí hay es una ciudadanía cada vez más frustrada por la indiferencia de sus gobernantes. Popayán no solo necesita cultura ciudadana, necesita autoridad, necesita orden. Y lo necesita ya.
La cultura ciudadana no se improvisa: se lidera
Las ciudades que hoy muestran resultados positivos en la gestión de residuos no lo lograron por inercia. Bogotá, Medellín, Villavicencio y Bucaramanga entendieron que el cuidado del espacio público es una responsabilidad compartida, pero que debe ser liderada con firmeza desde el gobierno local.
Aquí, en cambio, los residuos se amontonan en esquinas, separadores y quebradas mientras la administración municipal guarda silencio. Las basuras siguen siendo parte del paisaje y el desgobierno, parte del problema.
No es aceptable que una ciudad como Popayán, con tanto potencial histórico y cultural, permanezca sumida en la suciedad y el desgobierno. Las autoridades tienen herramientas legales y administrativas para actuar: el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana permite sancionar estas conductas con multas tipo 4. Pero si no hay voluntad, de nada sirve la norma.
El llamado es claro: se necesita una política pública urgente y decidida para enfrentar el manejo inadecuado de residuos en Popayán. Se necesita sancionar, educar y, sobre todo, gobernar.