“Ningún documento puede mostrar toda nuestra riqueza”: la reacreditación a través de quienes construyen Universidad

Hay historias que no se pueden contar solo con cifras, porque están escritas con el pulso, la vocación y los sueños de quienes le entregan su vida a la educación.

“Ningún documento puede mostrar toda nuestra riqueza”: la reacreditación a través de quienes construyen Universidad

A las puertas de recibir la visita de pares académicos para nuestra reacreditación institucional, la verdadera grandeza de estos casi dos siglos de historia se revela en personas como la profesora Rosa Elizabeth Tabares Trujillo. Antropóloga, investigadora y coordinadora del Doctorado en Ciencias Humanas, ella ha cuidado los primeros latidos de nuestros procesos de calidad y ha caminado junto a la institución en sus transformaciones más profundas.

¿Qué mejor que adentrarnos en la historia de una institución que a través de la voz de quienes la protagonizan? Hoy, la mirada de una profesora muy especial nos invita a detenernos y a reconocer con profundo amor que, más allá de cualquier requerimiento en papel, somos el corazón de una región: una Universidad que hace esfuerzos diarios, que transforma vidas y que hace realidad los sueños de miles de familias.

En este proceso de reacreditación, la comunidad universitaria se subió al bus para recorrer una ruta que está muy próxima a llegar a uno de sus destinos más importantes: la visita de los pares académicos. Sin embargo, para la profesora Rosa Elizabeth Tabares Trujillo este viaje comenzó mucho antes. Ella ha sido testigo y garante de los cambios profundos que la Alma Mater caucana ha vivido desde la obtención de su primera acreditación institucional, el 6 de abril de 2013.

Antropóloga de la Universidad del Cauca y magíster en Antropología de la Université de Montréal, llegó a esta casa que es #PatrimonioDeTodos a comienzos de los años 2000, tras finalizar sus estudios de posgrado en Canadá. Desde entonces, su trayectoria académica se ha tejido ininterrumpidamente entre la docencia, la investigación y un profundo compromiso institucional. Actualmente es profesora en pregrado, maestría y doctorado, mientras continúa desarrollando importantes procesos de generación de conocimiento y exploración de saberes con comunidades afrocolombianas e indígenas en el suroccidente del país.

Precisamente, su riguroso recorrido como investigadora le permitió comprender la acreditación desde una perspectiva diferente. Para ella, no se trata simplemente de llenar documentos o responder a requerimientos normativos, sino de emprender una investigación profunda sobre la propia Universidad, desentrañando sus logros, sus dificultades y su evolución en el tiempo: “La acreditación es un proceso de autoevaluación continua que hace una institución y para autoevaluarse hay que investigarse. Entonces, haciendo los documentos he aprendido muchísimas cosas de la universidad. Con cada pregunta del Ministerio esto es toda una reflexión que toca hacer, ir a las fuentes, buscar, entrevistar personas que le den a uno información”.

Al echar la vista atrás, recuerda que los primeros procesos fueron muy diferentes a los de ahora. En aquella época, relata, no había un presupuesto asignado ni una estructura consolidada para adelantar el trabajo, por lo que muchas de las tareas se lograron con recursos mínimos y gracias a la voluntad de quienes decidieron participar. Hoy, la diferencia es evidente. Existe una verdadera cultura de la calidad, una estructura institucional robusta y una comunidad que comprende a cabalidad la importancia de estos procesos para los estudiantes, los egresados, los profesores y la región. Así, aquello que en sus palabras comenzó “con las uñas”, se ha convertido en una experiencia madura que ha dejado enormes aprendizajes y capacidades instaladas.

Si hay algo que la profe Elizabeth destaca, después de tantos años de escudriñar la Universidad desde adentro, es su impresionante capacidad para hacer mucho con lo que tiene. Su labor en terreno, que durante cerca de dos décadas la ha llevado por el Pacífico, las comunidades indígenas del Cauca, El Patía y el norte del departamento, le ha permitido conocer de primera mano las oportunidades que florecen cuando existen las ganas y la pasión de trabajar: “No somos perfectos, no, claro que no. Somos una excelente universidad, una universidad que con lo poco que tiene y recibe, hace maravillas. Yo lo miro comparativamente con universidades extranjeras y nacionales y aquí de verdad pasan cosas maravillosas”.

Justamente es allí donde encuentra una de las razones más poderosas para defender este proceso de reacreditación: la necesidad de mirar a la Universidad con honestidad, aplaudir lo que se hace bien, identificar lo que debe mejorar y valorar aquello que, por estar presente todos los días, termina pareciendo parte del paisaje. “Ningún documento de acreditación puede mostrar la riqueza de todo lo que pasa en esta universidad. Una universidad con muchos logros, lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a que están allí todo el tiempo, a hacer milagros todo el tiempo y a veces no somos conscientes de eso”.

La frase resume una convicción que ha acompañado su participación en los procesos de acreditación, ya que para esta orgullosa Unicaucana, una parte importante del reto está en que la comunidad universitaria sea capaz de reconocer sus propios logros y de hablar de ellos con convicción y con capacidad autocrítica. Después de todo, investigar a la Universidad también significa preguntarse qué hacemos bien, qué podemos hacer mejor y dónde debemos corregir el rumbo.

Su vínculo con la Universidad del Cauca no se limita al ejercicio académico, ya que al escucharla hablar sobre la Alma Mater caucana, se siente el afecto de quien reconoce que la institución también ha sido parte de su propia historia. Como ella misma lo manifiesta, fue la Universidad la que le abrió las primeras puertas hacia grandes escenarios académicos internacionales y por eso, cuando piensa en lo que significa la institución para Popayán y el Cauca, su mirada trasciende los claustros. La Universidad, dice, es el centro de la vida de la ciudad y también ocupa un lugar fundamental en el departamento porque durante generaciones ha permitido que jóvenes de diferentes territorios accedan a la educación superior y transformen sus propias historias y las de sus familias, “La universidad es la que nos ha dado las oportunidades a todos de estar aquí, de enseñar, de investigar, a los estudiantes de ser profesionales, a las familias de tener hijos que cambien la vida económica e intelectual de las familias. Un profesional cambia la historia de una familia”.

Y es que en un departamento marcado por profundas desigualdades, esta profesional de calidad reconoce en la educación superior una posibilidad de cambio social y, en ese sentido, considera que Unicauca también pone su parte en la construcción de paz de una región que ha vivido durante décadas las consecuencias del conflicto. Para ella la Universidad es mucho más que una institución educativa, es parte de la memoria y de la vida de un territorio, un espacio que pertenece a cientos de generaciones y que, por su historia y por lo que representa para la nación, es patrimonio de todos.

Ahora que el bus de la reacreditación se acerca a su parada más definitiva, la invitación de la profesora Elizabeth es a vivir este momento con la tranquilidad del deber cumplido, pero abrazados a un profundo sentido de pertenencia. La inminente llegada de los pares académicos será una oportunidad de oro para mostrar lo que hemos construido y para maravillarnos, a través de los ojos de quienes vienen de afuera, con aquello que a veces la cotidianidad nos impide ver.

Sus palabras finales son sencillas y directas: “Cuando vengan los pares debemos estar pendientes a responder a las preguntas. Cuando llega gente de afuera es que uno a veces siente lo que tiene y que nunca le pone cuidado. Hay muchas cosas maravillosas de la universidad. Con esos pocos recursos ha hecho muchas cosas maravillosas”.

Detrás de este llamado hay una invitación a vivir este hito institucional con amor. Porque si algo ha sostenido a la Universidad durante estos rigurosos procesos, es precisamente el compromiso amoroso de la gente que la quiere y que ha puesto su talento a su servicio. Gracias a la profesora Elizabeth por su inquebrantable compromiso, y gracias a cada Unicaucano y Unicaucana porque desde cada una de sus dependencias y roles, ha construido esta historia.

Estamos a un paso de nuestro destino 2027 y todos somos portadores de una voz en este viaje. Quizá la mejor manera de prepararnos para recibir a los pares del CNA la última semana de octubre, sea recordar que la inmensidad de la Universidad del Cauca jamás cabrá completa en un documento. Porque detrás de cada indicador, de cada programa, de cada investigación y de cada logro, palpitan las personas, las historias y los sueños que, durante casi 200 años, han hecho de esta institución un lugar donde la vida se transforman vidas y se hacen sueños realidad.

Redacción: Centro de Gestión de las Comunicaciones