Pobladores de la Vereda de Torres y Puelenje vivieron al máximo el recorrido del Niño Dios
Esta es la historia de la una celebración que lleva alrededor de cien años y que se conserva gracias a la unión comunitaria.
Los pobladores de la Vereda de Torres y Puelenje, en el área rural de Popayán, realizaron una vez más el tradicional recorrido del Niño Dios, una práctica religiosa y cultural que ha marcado la identidad de esta zona del Cauca durante casi un siglo. La actividad, que históricamente abre el mes de diciembre, funciona como acto simbólico de bienvenida a la Navidad y como anticipo espiritual del nacimiento de Jesús.
“Esta es una tradición (…) que ya casi llega a los 100 años, donde se rescata el tema de la interculturalidad de nuestras comunidades”, explicó el periodista y chirimero local Alexader Camayo, uno de los promotores y guardianes de esta costumbre.
Cada año, el primer domingo de diciembre —aunque en esta ocasión adelantado en el último domingo de noviembre— los llamados fiesteros del Niño Dios recorren la zona rural, llevando la imagen sagrada de hogar en hogar y compartiendo plegarias, cantos y mensajes de fraternidad.
Esta actividad tiene también un fin organizativo y solidario. Las familias realizan aportes voluntarios con el propósito de recolectar fondos para los festejos del 24 de diciembre en la capilla Nuestra Señora de Fátima, ubicada en la Vereda de Torres.
“Con estos recursos (…) se les da un detalle a los niños, se organiza el plato de Nochebuena y se les compran regalos”, agregó Camayo, quien además preside la Junta de Acción Comunal.
De esta manera, la Navidad no se improvisa: se prepara durante meses con trabajo colaborativo y espíritu comunitario.
Además del recorrido del Niño Dios, los habitantes realizan otras actividades tradicionales como la vara de premios y la recordada Vaca Loca, que toma lugar la víspera del 24 de diciembre.
“En torno a esta festividad (…) se unen las familias, los pobladores de esta parte del suroccidente de la ciudad”, señaló la habitante y participante activa Girlesa Mompotes.
La Junta de Acción Comunal y los fiesteros del Niño Dios trabajan todo el año para cuidar los detalles y la esencia de esta celebración popular y religiosa.
Lo más significativo, resaltan los pobladores, es la activa participación de niños y jóvenes, quienes acompañan el recorrido, aprenden las canciones, ayudan con la organización y conocen la historia del ritual. La tradición no se arrincona en los adultos; se expande hacia las nuevas generaciones, garantizando su permanencia.
Habitantes de barrios y sectores vecinos también se suman a este evento navideño rural, integrándose a un ambiente de spiritualidad comunitaria que rompe límites geográficos y fortalece el sentido de pertenencia regional.
o que ocurre cada diciembre en Torres y Puelenje no es solo una práctica religiosa: es memoria oral, es tejido comunitario, es cultura viva. En un país donde muchas tradiciones populares se han ido apagando, esta continúa vigente —e incluso fortalecida— gracias al compromiso colectivo y a la convicción de que la Navidad es, ante todo, un acto de unidad y esperanza compartida.