Popayán 500 años: un reto más allá de discursos y retóricas.

La semana pasada, superando la polarización de la actual coyuntura política, el Congreso de la República aprobó la Ley "Popayán V Centenario" (Proyecto de Ley Cámara 280/2024 - Senado 451/2025).

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Popayán 500 años: un reto más allá de discursos y retóricas.

Cuerpo legislativo que rinde homenaje a la "Ciudad Blanca" y se asocia a la conmemoración de sus 500 años de fundación. El objetivo principal de esta ley es autorizar y garantizar recursos en el Presupuesto General de la Nación. Estos fondos financiarán proyectos de infraestructura, cultura, educación y medio ambiente rumbo al año 2037.

La aprobación de la Ley de Honores a Popayán, merece ser exaltada. No todos los días el Congreso de la República reconoce la importancia histórica, cultural y política de una ciudad que ha contribuido decisivamente a la construcción de Colombia. Sin embargo, la verdadera grandeza de esta noticia no radica en la ley misma, sino en lo que la sociedad caucana sea capaz de hacer con ella, pues constituye uno de los pocos proyectos recientes en los que congresistas caucanos de distintas corrientes ideológicas lograron actuar en bloque alrededor de un objetivo común -Popayán y el Cauca-.

Popayán ha sido durante siglos una referencia nacional. Fue escenario de acontecimientos fundamentales de la Independencia, cuna de presidentes, juristas, intelectuales y artistas, y depositaria de un patrimonio arquitectónico y cultural que pocos municipios colombianos pueden exhibir. Pero también ha sido una ciudad que, en demasiadas ocasiones, ha vivido de sus glorias pasadas mientras observa cómo otras regiones avanzan con mayor velocidad en competitividad, innovación y generación de oportunidades.

Por eso, la Ley de Honores representa mucho más que una conmemoración. Constituye una oportunidad histórica para replantear el modelo de desarrollo de la ciudad y del Cauca. El problema es que las oportunidades no producen resultados por sí solas.

La experiencia colombiana invita a la prudencia. Existen decenas de leyes de honores que prometieron inversiones, obras y transformaciones que jamás llegaron. Muchas terminaron convertidas en documentos decorativos, útiles para los discursos políticos pero incapaces de modificar la realidad de las comunidades.

El desafío es enorme. Popayán enfrenta problemas estructurales que requieren atención inmediata. El desempleo juvenil continúa siendo una preocupación permanente. La ciudad necesita fortalecer su infraestructura, mejorar la movilidad, recuperar sus fuentes hídricas y consolidar un entorno favorable para la inversión. Además, debe aprovechar de manera más decidida su condición de ciudad universitaria para convertirse en un verdadero polo regional de innovación y conocimiento.

La ley abre posibilidades de inversión en patrimonio, cultura, turismo, tecnología, medio ambiente y desarrollo urbano. Son objetivos correctos. Pero ahora corresponde convertir esos conceptos en proyectos concretos, presupuestos definidos y cronogramas de ejecución. El tiempo de las buenas intenciones debe dar paso al tiempo de las realizaciones.

También es momento de exigir liderazgo. La Alcaldía, la Gobernación, los congresistas, las universidades, los gremios y la sociedad civil tienen la obligación de actuar de manera coordinada. Los quinientos años de Popayán no pueden convertirse en una disputa burocrática ni en una plataforma electoral. Deben ser una causa común.

La ciudad necesita recuperar la confianza en sí misma. Durante años se ha instalado una narrativa pesimista según la cual Popayán está condenada al rezago. Esa visión desconoce las enormes fortalezas que posee el territorio. Pocas ciudades cuentan con semejante riqueza histórica, una ubicación estratégica en el suroccidente colombiano, una sólida tradición académica y una identidad cultural tan marcada.

Precisamente por eso, el mayor aporte de la Ley de Honores puede ser de carácter simbólico. Los payaneses debemos precisar que nuestra historia no es una carga sino una ventaja. Que el patrimonio no es únicamente algo que conservar, sino también una plataforma para construir desarrollo. Que la memoria debe inspirar el futuro y no reemplazarlo.

El Congreso ya cumplió. Ahora comienza la más difícil: convertir el homenaje en realidad. Porque las ciudades no se transforman con retóricas, aplausos y discursos. Se transforman con visión, trabajo y compromiso colectivo.

Estamos en mora de integrar una Comisión Preparatoria como ente gestor la Celebración del Quinto Centenario de Fundación de la Ciudad de Asunción de Popayán, como máxima instancia de articulación nación – territorio, asignándole la misión de preparar, diseñar, coordinar, gestionar y estructurar los planes, proyectos y eventos a realizar con motivo de esta efeméride.