Terror en El Bordo y la zona rural de El Patía ante ataques al Ejército con explosivos lanzados desde drones: un soldado herido

Este hecho sucedió en la noche de este lunes 19 de enero.

Terror en El Bordo y la zona rural de El Patía ante ataques al Ejército con explosivos lanzados desde drones: un soldado herido

El 19 de enero de 2026, la tranquilidad de los habitantes de El Bordo y las áreas rurales de Patía, en el departamento del Cauca, fue severamente alterada por fuertes explosiones que generaron un clima de zozobra y miedo. Este incidente ha dejado a la comunidad en un estado de incertidumbre, reflejando la vulnerabilidad que enfrenta la población ante la violencia persistente vinculada a grupos armados en la región.

Las detonaciones se registraron en el sector conocido como El Estanquillo, donde el Ejército Nacional mantiene un puesto de control permanente. Este tipo de presencia militar busca garantizar la seguridad y la estabilidad en una zona que ha sido históricamente afectada por la actividad de grupos armados ilegales. Sin embargo, la situación se tornó crítica cuando, según información preliminar, las tropas fueron atacadas mediante un dron acondicionado con explosivos. Esta modalidad de ataque resalta la adaptación de los grupos armados a la tecnología contemporánea, lo que representa un nuevo desafío para las fuerzas de seguridad.

Uno de los uniformados sufrió lesiones a causa de las esquirlas provocadas por la explosión. Afortunadamente, fue trasladado rápidamente al Hospital Nivel I del Bordo, donde recibió atención médica inmediata. Según el reporte oficial, la herida no reviste gravedad, lo que proporciona un alivio temporal tanto a sus compañeros como a la comunidad en general. Sin embargo, la preocupación persiste, ya que este evento no solo afecta a los miembros del Ejército, sino que también plantea serias preguntas sobre la seguridad de los civiles que habitan en las cercanías.

Los habitantes de El Bordo, así como de otras comunidades cercanas, expresaron su alarma ante las explosiones. La sensación de inseguridad se ha visto intensificada por el temor a nuevos enfrentamientos entre las fuerzas estatales y los grupos armados, específicamente el Grupo Armado Organizado Residual (GAO-r) “Carlos Patiño”, cuyo accionar delictivo es conocido en la región. Este grupo ha sido asociado con diversas actividades ilícitas, incluyendo narcotráfico y extorsión, lo que agrava aún más la situación de violencia y desconfianza en la zona.

Las explosiones no solo son un evento aislado, sino que forman parte de un contexto más amplio de conflicto armado que afecta a muchos rincones de Colombia. La comunidad de El Bordo, aunque alejada de los grandes focos de violencia, continúa sintiendo el impacto de estos actos terroristas. Muchos residentes relatan cómo vivieron momentos de pánico durante las detonaciones, incapaces de discernir la magnitud del peligro que enfrentaban. Las viviendas temblaron, y el sonido de las explosiones generó un ambiente de desesperación y angustia.

Las autoridades locales han manifestado su intención de aumentar la vigilancia y la presencia militar en la zona, con el objetivo de disuadir futuras agresiones y proteger a la población civil. Sin embargo, los habitantes cuestionan si estas medidas serán suficientes para garantizar su seguridad a largo plazo. Existen temores de que el conflicto se intensifique, llevando a un ciclo de represalias que podría poner en riesgo la vida de inocentes.

La situación de El Bordo refleja un microcosmos de los desafíos más amplios que enfrenta Colombia en su búsqueda de paz y reconciliación. Los ataques a través de drones representan un fenómeno relativamente nuevo y distintivo que subraya la necesidad de estrategias de seguridad más adaptadas y modernas. Mientras tanto, el clima de miedo y desconfianza persistirá hasta que se garantice una respuesta efectiva y sostenible frente a la violencia.

El papel de las comunidades afectadas es crucial en este contexto. Es fundamental que los mecanismos de participación ciudadana sean fortalecidos, permitiendo que los residentes contribuyan a la definición de políticas de seguridad que respondan a sus necesidades. La construcción de la paz no puede quedar únicamente en manos del Estado; es esencial un enfoque integral que incluya la voz y experiencia de quienes viven en estas localidades.

Con cada explosión y cada ataque, la capacidad de las comunidades para adaptarse y resistir se pone a prueba. La solidaridad entre los vecinos se ha mantenido como un faro de esperanza en medio de la adversidad. A pesar del miedo, muchas familias han decidido quedarse y luchar por un futuro mejor para sus hijos, un futuro alejado de la violencia y lleno de oportunidades.

En conclusión, los incidentes recientes en El Bordo y Patía son un recordatorio escalofriante de los retos que aún enfrenta Colombia en su camino hacia la paz. La combinación de tecnología militarizada en manos de grupos armados y la vulnerabilidad de las comunidades civiles crea un entorno complejo que requiere atención inmediata y soluciones efectivas. La construcción de un ambiente seguro y pacífico debe ser una prioridad, no solo para las autoridades, sino también para todos los actores involucrados en el proceso de paz. La voz de la comunidad debe ser escuchada, y su bienestar debe ser considerado fundamental en cualquier estrategia de solución al conflicto.