En Popayán, usuarios de la Nueva EPS reaccionan violentamente al no recibir sus medicamentos
Aumenta cada día la crisis humanitaria por el colapso de la de esta entidad prestadora de salud, sin que las autoridades municipales ayuden a los payaneses.
La crisis que enfrenta la Nueva EPS en sus dispensarios farmacéuticos ha llevado a una oleada de indignación entre los usuarios, quienes se sienten atrapados en un sistema que parece haber fallado en su objetivo principal: garantizar el acceso a medicamentos esenciales para la salud.
La reciente experiencia vivida por un usuario en la sede de Mennar No., ubicada en el barrio Bolívar de la capital del Cauca, es un claro reflejo de esta frustrante situación.
De acuerdo con el relato de uno de los testigos presente, un hombre perdió el control tras esperar más de seis horas en la fila, solo para ser informado de que los medicamentos recetados por su médico tratante no estaban disponibles. La desesperación se apoderó de él en un momento crítico, ya que su esposa, quien lucha contra el cáncer, dependía urgentemente de esos fármacos. La situación se tornó insostenible cuando el estado emocional de la paciente comenzó a deteriorarse ante la falta de atención y soluciones.
“Se salió de casillas el señor y con razón”, comentó el testigo, quien registró el tenso momento con su celular. Lo que siguió fue una explosión de emociones: el paciente expresó su ira hacia las trabajadoras del dispensario y la inacción de la dirección de la entidad, señalando que lo que más le dolía era ver a su esposa sufrir sin la medicación adecuada. “Ellos se llenan los bolsillos y que se muera el paciente. Son unos desgraciados”, gritó el hombre, mientras otros pacientes atónitos podían hacer poco más que observar.
El desahogo del usuario no solo revelaba su rabia, también manifestaba una profunda crítica al sistema de salud que ha dejado a muchos en una situación similar. Las palabras que usó fueron el eco de una desesperación colectiva: “Cuando uno protesta, hasta la policía te mandan. ¿Cómo creen eso? Vine la primera vez y me dijeron que no había, ahora dicen que mis fórmulas están vencidas. ¡Esto es una locura!”, exclamó, plenamente consciente de la gravedad de la situación que enfrentaba su esposa.
El ambiente en el dispensario era tenso, y el caos parecía ser la norma. Este tipo de incidentes, que ocurren de manera diaria en las cuatro sedes de los dispensarios de la Nueva EPS, se han vuelto comunes, evidenciando una crisis crónica que afecta no solo a los pacientes, sino a sus familias y a todos aquellos que dependen de un sistema que debería ser un pilar de apoyo en momentos de fragilidad.
El testigo que grabó la escena capturó no solo la furia de un hombre al borde de la desesperación, sino también la impotencia que experimentan muchos al quedar a merced de un sistema de salud deficiente. “Tranquilos, esto tarde que temprano se va a acabar. Y va a ser bonito cuando ustedes, que están de ese lado, se pongan de este lado”, continuó el usuario, sugiriendo que la situación podría revertirse y que los responsables deberían experimentar en carne propia la angustia que generan.
Su llamado a la acción fue claro: “La señora gerente que siempre se mete allá nunca da la cara. ¿Por qué no es capaz de poner un verdadero letrero para que nosotros no perdamos el tiempo?”, cuestionó con vehemencia. Aquí se evidencia la falta de comunicación y empatía por parte de quienes dirigen estas instituciones, que parecen ignorar el sufrimiento de los pacientes.
Las palabras del indignado ciudadano resuenan como un grito desesperado en medio de un sistema que, por momentos, parece haber olvidado su propósito fundamental: cuidar y proteger la salud de las personas. La falta de medicamentos no es solo un inconveniente logístico; es una amenaza directa a la vida de aquellos que requieren tratamientos específicos. Para muchos, la llegada al dispensario es un viaje lleno de esperanzas que termina abruptamente en la frustración.
La crisis en los dispensarios de la Nueva EPS no se limita únicamente a la escasez de medicamentos. Es un problema estructural que deriva de una serie de decisiones administrativas, presupuestarias y de gestión que no han priorizado a los pacientes ni sus necesidades. La constatación de que cada día más personas ven afectados su bienestar es un claro indicativo de que se requiere una revisión inmediata de las políticas y procedimientos que rigen la operación de estos dispensarios.
El descontento de los usuarios es evidente y justificado. La incertidumbre acerca de la disponibilidad de medicamentos, junto con la sensación de estar atrapados en un ciclo interminable de largas esperas y promesas vacías, genera un clima de frustración insostenible. Si la Nueva EPS no toma medidas urgentes para abordar esta problemática, las protestas seguirán incrementando, y con ellas, la presión sobre un sistema que debe responder a la ciudadanía de manera efectiva y compasiva.
En conclusión, lo ocurrido en la sede de Mennar es un doloroso recordatorio de que detrás de cada historia de desesperación hay vidas humanas que merecen respeto y atención. La crisis en los dispensarios farmacéuticos de la Nueva EPS es más que una anécdota; es una llamada a la acción que exige un cambio real y tangible en el sistema de salud, para asegurar que los pacientes reciban los medicamentos y la atención que tanto necesitan.