los próceres: una vía que avanza más en redes sociales que en el terreno
20% de ejecución cuando debería ir en 40%: ¿obra en marcha o promesa en cámara lenta?
La Avenida de los Próceres vuelve a demostrar que en Popayán algunas obras avanzan mucho más rápido en las redes sociales que en el terreno. La ejecución física estaría alrededor del 20%, cuando debería acercarse al 40%. Una diferencia que no puede maquillarse con fotografías de maquinaria, videos institucionales o publicaciones que hablan de “avances”.
Una obra pública se mide en kilómetros construidos, porcentajes ejecutados y cronogramas cumplidos. Y aquí los números son contundentes: vamos a la mitad del avance que deberíamos tener.
¿Y EL INCUMPLIMIENTO, PARA CUÁNDO?
Si el cronograma no se está cumpliendo, la Administración Municipal debe explicar qué medidas ha tomado frente al contratista. ¿Existe incumplimiento? ¿Se han impuesto multas? ¿Se modificó el cronograma? ¿Se concedieron ampliaciones y bajo qué argumentos?
Y hay una pregunta que los payaneses merecen que se responda con absoluta transparencia: ¿qué medidas concretas está tomando la Administración frente al retraso de la obra?
No hablamos de cualquier recurso. Hablamos de dinero público. Por eso la Administración no puede limitarse a mostrar la obra: debe demostrar que está ejerciendo un control efectivo sobre el contrato y defendiendo los intereses del municipio.
$5.486 MILLONES DE OBRA EJECUTADA: ¿QUÉ ESTÁ PASANDO CON LOS RECURSOS?
Aquí es necesario precisar las cifras.
La inversión de obra ejecutada acumulada asciende a $5.486.362.059. Adicionalmente, se registra un anticipo de $14.668.549.133,70 entregado a la fiducia. Pero hay una diferencia fundamental: el documento señala que de ese anticipo el valor desembolsado por la fiducia al contratista es $0.
A esto se suman $4.657.801.550 correspondientes a actas de pago parcial y $629.869.095 en actas de ajuste.
Por eso, más que lanzar cifras sin contexto, lo que corresponde es exigir claridad sobre la relación entre los recursos administrados, los pagos realizados y la obra efectivamente ejecutada.
La ciudadanía tiene derecho a saber cuánto dinero ha salido efectivamente hacia el contratista, cuánto permanece en la fiducia y cuánto corresponde realmente a obra ejecutada en terreno.
El dinero público debe avanzar al mismo ritmo que los resultados.
UN CONTRATO QUE YA SUPERA LOS $41.900 MILLONES
El contrato inició con un valor de $34.152.875.869 y registra una adición o ajuste por $7.757.264.513, llevando su valor total a $41.910.140.382.
Frente a una obra de esta magnitud, las preguntas sobre planeación, ejecución y control no son menores.
Cuando el valor del contrato aumenta, también debe aumentar la exigencia sobre la gestión, el seguimiento y los resultados.
VALLE ROBLEDO: UNA PROPIEDAD QUE SIGUE PENDIENTE
Y mientras la obra intenta avanzar, todavía existen asuntos básicos sin resolver. El salón social de Valle Robledo, necesario para la ejecución del tramo 1, no habría sido adquirido, y también permanecen pendientes otros predios.
La pregunta es inevitable: ¿cómo se pone en marcha una obra de esta magnitud sin tener completamente resuelta la gestión predial necesaria para construirla?
Los predios pendientes no son un detalle administrativo. Son obstáculos concretos que terminan convirtiéndose en retrasos, mayores costos y nuevas explicaciones.
TRAMOS 3 Y 4: ¿Y LAS LICENCIAS?
A esto se suma otro interrogante: los tramos 3 y 4 continúan condicionados por el trámite de consecución de la licencia ambiental.
Según el seguimiento reportado, estos tramos hacen parte de la ruta crítica del proyecto precisamente por este trámite ante la autoridad ambiental.
Entonces, ¿qué ha hecho la Administración para resolverlo?
Una obra no puede presentarse como plenamente encaminada mientras existen permisos fundamentales todavía por resolver. La planeación se demuestra anticipando los problemas, no explicándolos cuando ya afectan la ejecución.
¿DÓNDE ESTÁ LA INTERVENTORÍA? ¿DÓNDE ESTÁ EL SEGUIMIENTO?
Aquí está quizás la pregunta más importante: ¿dónde está el ejercicio real de seguimiento de la Administración Municipal?
Un atraso del 20% frente a un avance esperado del 40% no aparece de la noche a la mañana. Está en los informes, en las actas, en los cronogramas y en las visitas de interventoría. Alguien debe estar haciendo seguimiento y, sobre todo, tomando decisiones.
¿Le está quedando grande a la Administración Municipal controlar Los Próceres?
Porque si todo está bajo control, entonces ese control debería reflejarse en resultados y no solamente en publicaciones.
CAMBIAR SECRETARIOS NO CONSTRUYE KILÓMETROS DE VÍA
A todo esto se suma el cambio permanente de secretarios de Infraestructura, algo que tampoco puede pasar inadvertido. Una obra de esta magnitud necesita continuidad, conocimiento técnico y capacidad de gestión.
Cambiar constantemente a quien dirige la infraestructura municipal no construye un solo metro de vía. Sí puede, en cambio, generar pérdida de continuidad, nuevas curvas de aprendizaje y, sobre todo, la sensación de una Administración que improvisa donde debería planear.
Popayán necesita menos rotación y más gerencia.
LOS PRÓCERES NO PUEDE CONVERTIRSE EN OTRO “PROYECTO ETERNO”
Los Próceres es una obra necesaria. Precisamente por eso preocupa que vuelva a quedar atrapada entre atrasos, predios pendientes, trámites ambientales, ajustes contractuales y explicaciones.
No estamos pidiendo milagros. Estamos pidiendo gestión.
No se puede hablar de grandes avances cuando la ejecución física no supera el 20% y debería estar alrededor del 40%. No basta con anunciar una obra estratégica: hay que ejecutarla, controlarla y terminarla.
¿LOS PRÓCERES LA VA A ENTREGAR EL ALCALDE O SOLO LA VA A PUBLICAR?
La pregunta queda sobre la mesa: ¿la Administración Municipal va a entregar Los Próceres o vamos a seguir viendo la obra principalmente en videos y publicaciones?
Un contrato que ya asciende a $41.910 millones, una ejecución física cercana al 20% frente a un 40% esperado, una inversión de obra ejecutada acumulada de $5.486 millones, recursos de anticipo por $14.668 millones entregados a la fiducia pero con $0 desembolsados al contratista según el informe, predios pendientes y trámites ambientales que hacen parte de la ruta crítica.
Los payaneses no necesitan otra promesa. Necesitan un cronograma serio, cuentas claras, control efectivo y resultados verificables.
Menos redes. Más obra.
Menos anuncios. Más ejecución.
Menos improvisación. Más gerencia.
Porque Los Próceres no puede terminar siendo otra promesa eterna de Popayán. Y mucho menos una obra que avance más en las redes sociales que en las calles de la ciudad.