Otón, 70 años cargando santos
IN MEMORIAM- CARLOS CAMPO- “Catecampo”.

Publicado: Revista Semana Santa de Popayán-‘Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad’- de José Dueñas- Periodista Cultural e Historiador.
Por: CARLOS CAMPO, “Catecampo”, Periodista
Reconocimiento In memoriam, al Periodista Carlos Campo.
Remembranza al Carguero Otón Sánchez, “Alcayata de Diamante”
“A Otón Sánchez, carguero entre cargueros de las procesiones de Semana Santa de Popayán, sobre cuyos hombros se ha enaltecido durante màs de 70 años la tradición religiosa de la ciudad. En homenaje de admiración y reconocimiento a su fe victoriosa, a su valor austero y a su devoción edificante”.
Así reza el pergamino auténtico –toda una piel de carnero– que dio 1.20 de largo, por 0.80 de ancho y que firmado por el Arzobispo de Popayán Miguel Ángel Arce Vivas,, miembros de la Junta Pro Semana Santa, síndicos y cargueros en total 156, “y no firmaron más porque no hubo espacio”, el gran testimonio que se tributó en esa fecha al decano de los Cargueros de las centenarias celebraciones sacras de la añosa villa de Don Sebastián de Belalcázar.
La ceremonia se cumplió en el Salón del Trono del Palacio Arzobispal, y se escucharon la voz del prelado y de Otón Sánchez. Monseñor Miguel Ángel Arce Vivas, dijo: “Este grupo de amigos cordiales y de hermanos en el barrote y la alcayata, me ha pedido hacer entrega del pergamino con el cual se honra a un carguero insigne que es, al propio tiempo, vigilante custodio de tradiciones lugareñas y viviente archivo de trasnochadas crónicas y de interesantísimos recortes periodísticos, a más de ciudadano ejemplar y amigo nobilísimo.”
“Este nuestro dilecto amigo deja correr la vida, entre serio y guasón, con un cierto escepticismo que lo constituye en despreocupado espectador de los ajenos trajines, en acertado y chispeante critico de minucias ciudadanas, en campechano anfitrión de innúmeros amigos que a él se acercan a decirle muy quedo los chismes de la aldea, por encontrar la respuesta de una extraña sabiduría no aprendida en los libros, sino recibida de viejas experiencias”.
La Respuesta de Otón
“En esta nuestra vieja y querida ciudad de Popayán está cumpliéndose un acontecimiento excepcional, raro y único, pues no se tienen noticias de que en alguna otra ciudad, ni en esta misma haya sucedido. La orden de los Cargueros cuyo símbolo es la alcayata, es aquí una cofradía dirigida y ordenada por ellos mismos. En todas partes los cargueros son pagados y rogados. Aquí los cargueros pagan y prestan toda clase de servicios en el arreglo de los pasos y en último caso pelean si se trata de reclamar su derecho al “barrote”.
De Primera Mano
Por primera vez el veterano de los cargueros hizo un recorrido: “en memoria de todos aquellos amigos cargueros desaparecidos”, a quienes “es de justicia los distinga, los recuerde y comparta con ellos el homenaje que ustedes ofrecen a este insignificante ciudadano”.
En 1901, la Guerra de los Mil Días
Y la contó de la siguiente manera: “Y cómo podría dejar de recordar a mis antiguos amiguitos, Pablo Velasco, Rubén Payán, Gonzalo Solarte, Carlos Velasco, Juan Ángel Cartagena, con quienes principié a cargar en los San Juanes y las Marías por allá en el año de 1901, cuando terminaba la Guerra de los Mil Días”. El mayor de estos cargueros era Rubén Payán que contaba 13 años. “No pudimos cargar en San Juan de Santo Domingo, porque el síndico, cuando le solicitamos barrote, nos dijo: “Ustedes no pueden cargar en San Juan porque es de bronce”.
Un Curita “Listo”
“Más tarde conseguí barrote en el Huerto que sale en la procesión de San Agustín. Este paso era el más pesado de los que había cargado hasta entonces y allí cargué muy sobre todo por el magnífico, extraordinario compañero, que hoy recuerdo con especial cariño y veneración: el presbítero doctor Víctor Bonilla. En 1906 reclamé al síndico del paso del Santo Cristo de la Veracruz, que era Segundo Mosquera, un barrote en el cual había cargado durante mucho tiempo mi abuelo, el viejo general J. M. Sánchez con los señores generales Obando y Sarria y con el señor presbítero doctor Fidel Fernández (el gran Padre Fiel) de quien contaban que cuando se encontraba en la calle algún pozo de agua o barro se colgaba del barrote para que no se le ensuciaran las alpargatas. Estos barrotes estaban marcados con los nombres de estos señores cargueros, nombres que no sabemos quién los hizo borrar en el año de 1919.
Desde 1906 he venido cargando en el Santo Cristo de la Veracruz hasta ahora sin faltar un solo año. Mis compañeros la primera vez que lo hice fueron Roberto Otero, Emiliano Cerón, Miguel Palta, Jesús Rebolledo, Pedro León Torres, Roberto López y Julio Hurtado. A medida que iban faltando por retiro voluntario, por enfermedad, vejez o muerte, llegaban otros y así me ha tocado cargar con los siguientes: Pedro Pablo Vidal, Roberto Alegría, Julio Abraham González, Alfonso Iragorri P., Segundo Mosquera, José María Cajiao, Teófilo González, Luis Bonilla, Tomás Olano, Manuel Esteban Concha, Evangelista Sanclemente, Tomás Diago, Olmedo López, coronel Carlos Ayerbe A., doctor Hernando Rojas A., Luis Carlos Trochez, Azael Sánchez y el gran negro Tomás Rodríguez. Todos los anteriores ya fallecidos. De los viejos existen ya retirados voluntariamente, el doctor Edgar Simmonds, Laurentino López, Gerardo Garrido, Vicente Mosquera y Pedro P. Valverde.”
En el Patrono de la ciudad, el Santo Ecce – Homo

En otro de los pasos que he cargado desde 1928 –continua Otón Sánchez– es el Santo Ecce – Homo en barrote que me fue cedido por su sindico, mi inolvidable amigo don Jesús Fajardo, con quien cargábamos como lo hacía también el doctor Simmonds, Luis Bonilla, Olmedo López y Laurentino López.
“Cargueros” Bajitos
“En el Paso de la Virgen de los Dolores, que sale de San Agustín, cargué nueve años con Palta, Cerón, Diago, Gregorio Hurtado, Manuel Santos Vargas, Pacho Vargas e hijo. En este bellísimo paso, no volvimos a cargar porque el síndico cedió barrotes a otros cargueros, muy buenos, pero muy bajitos y era imposible cargar, por ser este paso, uno de los más pesados de todas las procesiones”.
La Soledad, las Insignias y el Sepulcro
“En la Virgen de El Rosario que sale de Santo Domingo, cargué tres años. Allí me tocó hacerlo con mi distinguido amigo don Hernando Arboleda A. Luego pasé a cargar en Las Insignias el barrote que me dio don Miguel Zambrano, el doctor Simmonds, don Fernando Olano, don Mariano Sánchez, don Pedro Vidal, don Tomás Diago, don Moisés Trochez, don Julio Guevara, fueron algunos de mis compañeros. De este paso y por empeños del síndico del Santo Sepulcro, don Vicente Arboleda y G., pasé hacerlo allí y recuerdo a mis compañeros el doctor Benjamín Iragorri D., don Luis Bonilla, don Miguel Palta y don Luis Villaquirán y otros que por el momento no recuerdo.”
Murieron en su “Ley”
“No terminare sin recordar a compañeros que murieron a causa de las cargadas. Son ellos, dos morenos de apellido Bonilla que, cargando en Las Insignias, uno de ellos murió esa misma noche y el otro a los quince días; luego don Miguel Palta a los diez de haber cargado en el Sepulcro y por último nuestro queridísimo amigo y gran compañero Arcesio Velasco Iragorri, que murió al pie de su paso”.
Ese el relato fiel de Otón Sánchez, sobre lo que siempre ha practicado: el “carguío”, una escuela difícil, dura y en cuatro casos mortal. Lo demás es lo común, es decir, lo que puede lograr un “novato”: clavículas fracturadas, depresión de costillas, deformidades en la columna (escoliosis) y hernias de tipo umbilical e inguinales hasta llegar a las complicaciones inherentes a quienes intentan hacer la llamada prueba de Valsalva, en un término más general.
Y que conste que esto no es para asustar a nadie, sino simplemente para demostrar que el carguero payanés sigue sosteniendo la tradición de sus desfiles, a toda costa.