¿Y ahora, quién podrá gobernarnos?

Por: Diana Patricia Arias Henao Abogada Ph.D. en Relaciones Internacionales Postdoctora en Derecho Público X: DianaAriasAjua DTC – Facultad de Derecho UMNG postdoctora@gmail.com

¿Y ahora, quién podrá gobernarnos?

La vecindad colombiana esta llamada a las urnas el próximo 31 de mayo.  El elenco está listo y la función por comenzar.  Empecemos por el conocido dueño de la vecindad, Álvaro Uribe como el señor Barriga, el capitalista ambicioso que se jacta de perseguir inquilinos comunistas que no le pueden pagar el techo donde viven y los amenaza con sacarlos a la calle.   

Si bien, el señor Barriga no está en el tarjetón, usted sabe que debe votar por la hija que nunca tuvo y que lo considera su padre, Paloma Valencia, actuando como la Popis, heredera del edificio, y con menos peso que Ñoño para cobrar la renta. Su voz no es un accidente biológico, es un ring tong del Centro Democrático. Sentada en el Congreso chilla que todo es culpa de Gustavo Petro, nuestro Don Ramón y que hay que acusar al Chavo del Ocho, Iván Cepeda.

Sus alaridos estremecen a los sótanos del infierno, actuando fría e impenetrable. La intimidante voz de la Popis cuando esta bravita retumba en la vecindad, sin ninguna mesura, al ser la consentida del patrón. Pero cuando quiere algo de los otros niños, ocurre el milagro. La remilgosa y engreída niña de papi endulza su voz, pero con sacarina.

Su cambiante tono refleja la fiebre del poder. Baja cuando está entre los suyos con cadencia infantil pues nació en cuna de oro. Pero al sentir envidia del nuevo juguete de la derecha, Juan Daniel Oviedo, Quico, irónicamente vocifera: "la presidente soy yo".

Quico, el niño que juega a ser la llanta de repuesto, abiertamente gay, divertido, sagaz, juega en el patio con las banderas de colores con la misma ternura del tono de la voz de la Popis cuando le dice: tu no podrás adoptar, pero ya no te expulsaremos de la vecindad así seas rarito. Su mamá, Doña Florinda, es la ponzoñosa Vicky Dávila. Defiende a cachetadas a los suyos, es injusta, clasista, criticona, destructiva. Persigue a Don Ramón, de noche y de día, lo maltrata, lo humilla, lo minimiza, lo instrumentaliza, para sentir que es superior a él. Doña Florinda quiso ser candidata, pero terminó convirtiéndose en el chiste de la vecindad. No obstante, como buena chismosa, utiliza su micrófono de plástico para sembrar cizaña.

Abelardo de la Espriella es el Señor Hurtado. El vecino nuevo, el outsider, que llega con aires de modernidad y superioridad, critica todo lo que existía antes, habla de renovación, pero en el fondo reproduce exactamente las mismas dinámicas del señor Barriga y casi logra que el Chavo se fuera de la vecindad tras ser acusado de ladrón.

Es un personaje doble cara: antes de llegar a la vecindad era ateo, odiaba el potaje carcelario que seguramente no comerían sus cuestionados clientes presos, muchos narcos, políticos y paramilitares. Despreciaba a los raritos como Quico. No es metáfora. Es currículum.

Estas posiciones contrarían los principios y derechos básicos que cualquier abogado debe respetar. Dice ser antisistema, pero necesita el sistema del cual jactarse y comprarse sus coloridos trajes. Quiere administrar la vecindad y para ello montó un bazar, ahora es creyente y come tortas de jamón. Su fórmula, José Manuel Restrepo, es Godínez: el del rincón que siempre tiene la respuesta técnicamente correcta para la clase equivocada.

Sergio Fajardo es el Profesor Jirafales. No lo decimos con crueldad sino con la ternura que merece un personaje que genuinamente cree en lo que hace. Lleva años rondando la vecindad. Culto pero tibio, cree en la educación como semilla de transformación. Pero la vecindad sabe que es tan solo un visitante. Un eterno enamorado que no concreta.

Claudia López es la Bruja del 71. Le coquetea a Don Ramón, pero como él, todo el mundo la evita y la señalan de amargada y exagerada. En su apartamento sueña con ser reconocida pero como dice el dicho, cría fama y acuéstate a dormir. Su paso por la Alcaldía de Bogotá dejó más preguntas que respuestas, y la vecindad recuerda más su llanto en Covid que a sus obras. Viene siendo la que todos conocen pero que nadie invita. También viene del barril como el Chavo, y eso es de admirar. 

Iván Cepeda, el Chavo del ocho, representa a los que viven en el barril. Su padre está ausente porque lo asesinaron y sin embargo lo acusan de guerrillero, pues la vecindad no es culta y confunde izquierda con guerrilla.  Todo el mundo lo señala, excepto Don Ramón y la Chilindrina. Quico le hace ojitos, juega con él y a veces hasta lo defiende de Doña Florinda. El señor Barriga aún no lo ha desterrado. El Chavo es quien más claro ve a la vecindad y de un modo u otro, lo respaldan.  

Y su fórmula, Aída Quilcué, es la Chilindrina: más lista de lo que la vecindad quiere reconocer. Es ágil, dinámica y conocedora de los rincones más escondidos.  La Chilindrina no llora cuando la acusan. Responde. Y eso, en la política colombiana, sigue siendo un acto casi subversivo.

Don Ramón, como Petro, sigue en deuda con la vecindad. Tiene un millón de proyectos para pagar, pero nunca los termina. Le gusta el conflicto y disfruta de su personalidad de víctima. Pero es el único que genuinamente quiere que el Chavo salga del barril, el amigo fiel de su hija, la Chilindrina. Lo invita a su casa y comparte lo poco que tiene. Es el único que le dice en la cara al señor Barriga  que no hay con que pagar, aunque le toque después esconderse detrás de la puerta o volarse por la ventana.

La deuda de Petro es proporcional a su ambicioso plan de gobierno que esta por terminar. La corrupción, el medio ambiente, la salud y la seguridad se quedaron como los 14 meses de renta sin pagar. Pero la pobreza multidimensional cayó a un solo dígito por primera vez en la vecindad. Se formalizaron más de dos millones de hectáreas para campesinos que trabajaban tierra ajena de antaño. Y más de dos millones de abuelos reciben una renta básica para sobrevivir. El desempleo es el más bajo del Siglo XXI.

Francia Márquez, parece la mamá del Chavo. Nunca apareció, nadie la vio. Ni el Chapulín Colorado contaba con su astucia. Pero el Chavo, sin mamá ni herencias, le va ganando la carrera a la Popis, a su papá y a Quico; al señor Hurtado; al profesor Jirafales y a la Bruja del 71.  Tiembla la vecindad.

Al fin y al cabo, la vecindad tiene más chavos que señores Barriga. Más chilindrinas que Popis y Quicos. Y lo peor es que está construida sobre suelo indígena. Así que mi deseo es que haya tortas de jamón para todos y que no haya más gente viviendo en el barril del patio, donde unos pocos cobran la renta.

Y a los que les molestó mi columna, solo puedo decirles: ¡Fue sin querer queriendo!