Las explosiones que sacudieron el norte del Cauca: la ofensiva implacable del Ejército contra las disidencias de las Farc
Pobladores de municipios como Santander de Quilichao y otros de esta región del país literamente se estremecieron con esta acción militar.
La noche del miércoles 29 de julio quedó marcada por dos explosiones de gran magnitud que estremecieron a miles de habitantes en municipios como Santander de Quilichao, Caloto, Corinto, Miranda y amplias zonas rurales del norte del Cauca. Este estremecimiento no fue producto del caos al azar, sino el resultado directo de una operación militar intensa y meticulosamente planeada por el Ejército Nacional, en el marco de la ofensiva contra las disidencias de las Farc, integradas en el temido Estado Mayor Central (EMC) bajo el mando de alias Iván Mordisco.
El estruendo de aquellas detonaciones, tan potentes que hicieron vibrar puertas, ventanas y techos a varios kilómetros, desató la incertidumbre y el miedo entre las comunidades, muchas de las cuales permanecían sin información oficial sobre el origen de tales explosiones. Angélica Hernández, habitante de Corinto, relató con angustia: "¿Qué fue lo que pasó anoche? Nos despertaron esas dos fuertes explosiones. Prendí la radio esta mañana y no dijeron nada. Familiares en Miranda y Caloto también las escucharon, y nadie nos ha dado respuesta".
Esta inquietud no fue única. Periodistas locales y residentes de Santander de Quilichao confirmaron que los estruendos fueron tan intensos que conmocionaron a gran parte de la población. “Eso sonó durísimo. Cuando escuchamos ese tipo de detonaciones sabemos que algo grande está pasando, y nos preparamos tanto para cubrir la noticia como para protegernos”, comentó un comunicador de la zona, reflejando el clima de tensión creciente en esta región.

Una guerra que se intensifica y se vuelve cada vez más feroz
Fuentes militares revelaron que dichas explosiones correspondieron al empleo de piezas de artillería utilizadas por el Ejército para atacar directamente las posiciones de los frentes Jaime Martínez y Dagoberto Ramos, dos de las estructuras más poderosas y violentas de las disidencias que operan en el norte del Cauca. Antes del ataque, drones de vigilancia habían realizado un exhaustivo trabajo de inteligencia que ubicó campamentos y zonas de concentración de estos grupos armados ilegales, lo que permitió a la Fuerza Pública ejecutar rondas de fuego indirecto con precisión letal.
“Se accionaron dos piezas de artillería contra objetivos específicos previamente establecidos. Estas capacidades fueron desplegadas para golpear las estructuras terroristas responsables del caos en esta región”, explicó un integrante de las fuerzas militares involucrado en las operaciones, dejando en evidencia la estrategia decidida para recuperar el control territorial.
La ofensiva militar se intensifica tras recientes ataques
Esta utilización de artillería pesada es solo una muestra de la nueva fase que ha asumido la ofensiva militar del Gobierno nacional contra las disidencias de las Farc en Cauca. Tras el rompimiento de los diálogos con varias de estas estructuras y el escalamiento de ataques contra la Fuerza Pública y la población civil, el Ejército ha endurecido sus tácticas.
En municipios como Caloto, Corinto, Toribío, Miranda, Suárez, Buenos Aires, Morales, El Tambo, Argelia y Santander de Quilichao, las disidencias Dagoberto Ramos, Jaime Martínez y Carlos Patiño mantienen una presencia armada persistente y amenazante. La confrontación ha escalado a niveles alarmantes con el uso de drones cargados con explosivos, ataques con ‘tatucos’, la colocación de campos minados, francotiradores y hostigamientos constantes contra estaciones de Policía y bases militares.
Como respuesta contundente, las Fuerzas Militares han aumentado los bombardeos tácticos, el empleo de artillería pesada, aeronaves no tripuladas y operaciones terrestres de asalto para recuperar corredores estratégicos que se habían convertido en zonas dominadas por el terrorismo armado.
Precisamente, la tarde de aquel miércoles se libraron intensos combates en el corregimiento de El Palo, en Caloto, luego de que tropas del Ejército ingresaran para confrontar al frente Dagoberto Ramos. Estos combatientes ilegales habían impuesto retenes ilegales en las vías rurales, intimidando y hostigando a la población civil, convirtiendo la zona en un escenario de peligro constante.
Población civil atrapada en medio del fuego cruzado
Mientras el fuego cruza trincheras y explota en las montañas del Cauca, las comunidades siguen siendo la parte más vulnerable e indefensa de este conflicto. Habitantes de numerosas zonas rurales han denunciado restricciones severas a su movilidad, desplazamientos forzados, confinamientos y un miedo permanente por la inminencia de enfrentamientos entre la Fuerza Pública y los grupos armados ilegales.
Aunque las autoridades insisten en que estas operaciones buscan debilitar las estructuras criminales responsables de múltiples acciones terroristas, líderes comunitarios claman por medidas urgentes que protejan a la población civil, que vive atrapada en una guerra que lejos de aminorar, se recrudece sin tregua en el norte del Cauca.
En este escenario devastador, las explosiones del 29 de julio son solo un símbolo sonoro de la crueldad de un conflicto que sacude la región, un recordatorio impactante de que la batalla por la seguridad y la paz en el Cauca aún está lejos de terminar, con miles de vidas pendiendo de un hilo en medio del estruendo de un conflicto armado sin tregua.